El nombre de Rafael no aparece en las Escrituras hebreas, sino únicamente en el Libro de Tobías, que forma parte del canon católico1. En este libro del Antiguo Testamento, Rafael se presenta inicialmente disfrazado de ser humano, bajo el nombre de Azarías, para acompañar al joven Tobías en su viaje1,3. Durante esta aventura, la influencia protectora del arcángel se manifiesta de diversas maneras, incluyendo la liberación de Sara, la futura esposa de Tobías, de un demonio que había causado la muerte de sus siete maridos anteriores1,7,5,3.
Tras el regreso de Tobías y la curación de la ceguera de su padre, Tobit, Rafael revela su verdadera identidad, declarando: «Yo soy Rafael, uno de los siete ángeles que están listos y entran ante la gloria del Señor»1,8,9. Esta revelación subraya su posición entre los siete arcángeles que, según la angelología del judaísmo postexílico, «están ante el Señor»1,3. Aunque el Nuevo Testamento reconoce la categoría de los arcángeles, solo menciona a Gabriel y Miguel por nombre1. Sin embargo, muchos comentaristas identifican a Rafael con el «ángel del Señor» que movía las aguas de la piscina de Betesda en Juan 5, una conjetura que la liturgia oficial de la Iglesia ha confirmado al incluir este pasaje en la Misa de la fiesta de San Rafael1,3.

