El derecho canónico antes de Raimundo
Antes del siglo XIII, el derecho canónico latino no formaba todavía un código único y sistemático. La obra de Graciano, el Decreto, compuesta hacia mediados del siglo XII, había reunido numerosos cánones conciliares, textos pontificios y argumentos jurídicos. Sin embargo, después de Graciano continuaron apareciendo nuevas decretales y decisiones de papas y concilios.
Durante las décadas siguientes surgieron diversas colecciones. Algunas tenían carácter privado y otras recibieron aprobación pontificia. Entre ellas figuraban las compilaciones conocidas como Compilatio tertia, Compilatio quarta y Compilatio quinta. Su organización temática seguía con frecuencia cinco grandes materias: personas con jurisdicción, procesos, clérigos y religiosos, matrimonio y delitos.
La multiplicación de colecciones dificultaba la consulta de la legislación. Un mismo asunto podía aparecer en textos repetidos o aparentemente contradictorios. También existían disposiciones no incorporadas a ninguna recopilación general y, por tanto, de autoridad incierta.
La compilación de 1234
En 1230 Gregorio IX encargó a Raimundo la preparación de una colección que sustituyera las compilaciones anteriores. Raimundo trabajó durante aproximadamente cuatro años. No se limitó a copiar los textos: seleccionó, ordenó, condensó y armonizó las disposiciones para ofrecer un cuerpo jurídico utilizable por jueces, profesores y administradores eclesiásticos.
La obra recibió el nombre de Decretales de Gregorio IX y quedó estructurada en cinco libros, divididos en títulos y capítulos. El papa la promulgó en 1234 mediante la bula Rex pacificus. Gregorio IX ordenó que aquella compilación tuviera carácter oficial y que sustituyera en las escuelas a las colecciones anteriores.,
Impacto en la jurisprudencia europea
Las Decretales transformaron la enseñanza y la práctica del derecho canónico. Su estructura clara facilitó la labor de los tribunales eclesiásticos y proporcionó a las universidades un texto común para el comentario jurídico. Durante siglos, los canonistas utilizaron la compilación de Raimundo como una de las partes fundamentales del Corpus iuris canonici.
Su importancia desbordó el ámbito estrictamente eclesial. La jurisprudencia canónica influyó en la regulación medieval del matrimonio, la jurisdicción, los procedimientos judiciales, los beneficios eclesiásticos, la disciplina clerical y la teoría de la autoridad. Las universidades de Bolonia, París y otros centros europeos estudiaron las Decretales, que contribuyeron a formar una cultura jurídica común en la Europa latina.
Raimundo no creó desde cero el derecho canónico medieval. Su aportación consistió en sistematizar una tradición normativa anterior, integrar disposiciones dispersas y ofrecer una ordenación coherente bajo la autoridad pontificia. Por eso, su obra representa un momento decisivo entre la acumulación de normas y la codificación jurídica posterior.