Origen y conversión
Rainerio nació en Pisa, en el seno de una familia destacada. Una biografía medieval atribuida a fray Benincasa, canónigo de Santa María y próximo al santo, nombra a sus padres como Gandulfo y Mingarda. Los datos de su nacimiento y juventud, sin embargo, no permiten fijar una fecha concreta.2
En su juventud se dedicó al comercio y llevó, según su primer biógrafo, una vida que luego juzgó pecaminosa. La tradición vincula su conversión a su encuentro con el religioso Alberto, a quien siguió después de abandonar la música que practicaba. Rainerio emprendió entonces una penitencia rigurosa. La biografía relata que lloró durante tanto tiempo que quedó ciego y que recuperó la vista junto con una renovación interior. Este episodio forma parte del relato hagiográfico de su conversión, no de una crónica independiente de su vida.3,1
Peregrinación a Tierra Santa
Su actividad mercantil lo llevó a Palestina. Allí, la peregrinación por los lugares vinculados a la vida de Cristo afianzó su propósito penitencial. El relato tradicional cuenta que una visión le hizo comprender la necesidad de abandonar sus deseos desordenados: una bolsa de dinero aparecía llena de brea y azufre en llamas, y una voz explicaba que el agua podía extinguir aquel fuego. A partir de entonces, según la tradición, renunció al vino, practicó austeridades, caminó descalzo y vivió de limosnas.1,4
La biografía medieval atribuye a su estancia en Tierra Santa varias visiones y hechos extraordinarios, entre ellos apariciones de Cristo y de la Virgen María. También presenta su peregrinación como un periodo de oración, penitencia y vida desprendida. Estos relatos expresan la interpretación espiritual que sus primeros devotos dieron a su experiencia; conviene distinguirlos de los datos biográficos más firmes, como su viaje y su regreso a Pisa.3,4
Regreso a Pisa y últimos años
Rainerio regresó a Pisa hacia 1153, siete años antes de su muerte. Al principio residió con los canónigos de Santa María. Más tarde vivió cerca de la abadía de San Andrés y del monasterio de San Vito, sin ingresar formalmente en una orden religiosa. La tradición biográfica lo presenta como predicador y consejero espiritual, pero no permite asegurar que recibiera las órdenes sagradas; atribuirle condición sacerdotal resulta dudoso.1
Su predicación sobre la conversión y la penitencia atrajo a numerosos habitantes de Pisa y de otros lugares de la Toscana. El prólogo atribuido a Benincasa describe multitudes que acudían a escucharlo y a pedirle que bendijera agua para los enfermos. El mismo relato presenta a Rainerio como un hombre que exhortaba a sus oyentes a vivir conforme al Evangelio.2


