La llegada de los ermitaños y el nombramiento de Roberto
Roberto aparece vinculado a un proceso reformador que comienza en el contexto de los ermitaños. Se narra que algunos hermitaños que vivían en el bosque de Collan solicitaron a Roberto que les enseñara la Regla de san Benito. Sin embargo, sus monjes se opusieron a que marchara, y él fue pronto reclamado de nuevo a Moutier-la-Celle.
Ante esa situación, los ermitaños acudieron a Roma y la causa tuvo buen resultado: el papa Alejandro II dictó un decreto por el que Roberto fue nombrado superior de aquella comunidad.
Fundación en el bosque de Molesmes (1075)
Una de las primeras tareas de Roberto consistió en trasladar la comunidad desde Collan -que se describe como poco saludable- al bosque de Molesmes. Allí se levantaron celdas de madera y una pequeña capilla u oratorio. Ese traslado se sitúa en 1075.
En esos comienzos, la fuente subraya la dureza del esfuerzo ascético: la austeridad era «extrema» y la pobreza tan real que a menudo no alcanzaba el alimento. No obstante, la fama de esa forma de vida se extendió por las regiones vecinas.
Prosperidad y pérdida del fervor
Con el tiempo, -según se cuenta- los grandes de la zona y el obispo de Troyes ayudaban a sostener a la comunidad. También aumentaron las solicitudes para ingresar. Pero la misma prosperidad se vuelve, paradójicamente, un problema: la fuente afirma que se aceptaron candidatos inadecuados, se introdujeron «pequeñas comodidades», y la disciplina comenzó a decaer.
La consecuencia fue que Roberto, desalentado por la falta de atención a sus exhortaciones («remonstrances»), se retiró durante un tiempo a un lugar de vida eremítica. Aun así, regresó a Molesmes cuando sus monjes lo pidieron de nuevo, prometiendo obedecerle en el futuro. Sin embargo, la fuente explica que el cambio no se consolidó: la motivación de los monjes parecía apoyarse sobre todo en ventajas temporales, y el fervor no volvió a arraigar de modo estable.