Además de la tradición breve, existe una narración más amplia, descrita como una «romance» de procedencia incierta. La fuente subraya que, aun cuando la leyenda presenta detalles llamativos, el relato parece corresponder a una obra de ficción que no sería anterior al siglo XI.
La trama, en síntesis, incluye motivos típicos de la hagiografía medieval: la providencia divina, señales extraordinarias y una pedagogía moral de fondo. En el relato, aparece una mujer llamada Lucerna, cuyo afecto la lleva a vincularse con un esclavo llamado Ciro; de esa unión nace un hijo que termina siendo abandonado en un bosque, donde sería adoptado y alimentado por un lobo. Este elemento extraordinario provoca la atención de las autoridades imperiales, y la búsqueda conduce a la intervención de san Pedro, quien, con redes de pesca y con otros cristianos, encuentra al niño y a la madre adoptiva en el lugar de la persecución.
La leyenda presenta luego un «juicio» providencial mediante una prueba: san Pedro increpa al niño con una fórmula interpretada como señal de su naturaleza y origen, y el desenlace conduce al bautismo. En el relato, a sugerencia de Justin (también citado en el texto), el niño recibe el nombre de Rómulo; a partir de ahí se le atribuyen formación, predicación, exorcismos y milagros. Finalmente, el relato lo hace obispo, lo vincula a la evangelización de diversas ciudades y describe su condena a muerte por un gobernador llamado Repertiano.
También se incluyen episodios de martirio con un carácter simbólico fuerte: en el camino a la ejecución, Rómulo pide agua a una joven en una fuente; ella se niega por temor y el mártir, reprendiéndola, establece una especie de «señal» para el futuro: el agua seguiría corriendo fresca para los cristianos, pero se volvería sangre para quienes no lo fueran.
Con todo, el propio texto deja clara la valoración crítica de conjunto: aunque el romance es «salpicado» de abundancia narrativa, su extrañeza no elimina que existan rastros de veneración previa.