El Martirologio Romano incluye también a Venustiano, gobernador, con su esposa y sus hijos, como parte de la memoria del 30 de diciembre. El texto litúrgico fija el desenlace: Venustiano recibe la muerte «a espada» junto con su familia.
La narración hagiográfica desarrolla el arco de la persecución a partir de una conversión. Tras el encarcelamiento y la tortura del obispo, una mujer piadosa llamada Serena sostiene a San Sabino y su intercesión llega hasta un prodigio: la oración del santo logra la curación de la vista del sobrino de Serena. El relato vincula ese milagro con la conversión de quince prisioneros presentes.
Venustiano, entonces, permite que San Sabino permanezca sin ser molestado durante un mes, mientras el gobernador sufre un dolor ocular excesivo. Agotados los remedios, Venustiano busca la ayuda del obispo, envía a su esposa y a sus hijos a San Sabino y pide el perdón por las torturas causadas.
En ese diálogo se sitúa el vínculo entre martirio y sacramento: San Sabino indica que la curación se concede al recibir el bautismo; Venustiano acepta, recibe la instrucción cristiana y es bautizado junto con toda su familia, recuperando inmediatamente la salud. La conversión desemboca en la culminación martyrológica: la autoridad imperial ordena la condena de Venustiano y del obispo, y el tribuno ejecuta a la familia y lleva después a San Sabino a ser castigado hasta la muerte.,