Encuentro con Venustiano
La pasión tradicional presenta a Sabino como un obispo cristiano detenido a causa de su fe. Durante su encarcelamiento, el gobernador Venustiano padecía una grave enfermedad ocular y temía perder la vista. Al conocer la fama de Sabino, envió a buscarlo para pedirle ayuda.,
El relato atribuye al santo una respuesta de carácter misionero: Venustiano debía abandonar el culto a los ídolos y recibir el bautismo. Después de aceptar la instrucción cristiana, el gobernador habría destruido los restos de una imagen pagana y recibido el bautismo junto con su esposa y sus hijos. La tradición vincula la curación de Venustiano con su conversión.
Este episodio pertenece al modelo literario frecuente en las pasiones antiguas: un funcionario pagano conoce a un mártir, descubre la verdad cristiana, abandona los cultos tradicionales y termina compartiendo el destino del testigo de Cristo. La escena expresa la fuerza evangelizadora atribuida al martirio, pero no basta por sí sola para demostrar la historicidad de cada pormenor.
Muerte de los compañeros
La narración prosigue con la intervención de las autoridades imperiales. Venustiano, su esposa y sus hijos habrían sido ejecutados por orden del emperador, mientras Sabino era trasladado desde Asís a Spoleto. Allí, según el relato, murió a consecuencia de una violenta flagelación.
La tradición también incorpora a Serena, una mujer noble de Spoleto que habría recogido y conservado con veneración las manos del mártir antes de reunirlas con el cuerpo para darle sepultura. El enterramiento habría tenido lugar a cierta distancia de la ciudad, en el lugar donde más tarde surgió una iglesia dedicada al santo.
La memoria de estos personajes explica la denominación tradicional de san Sabino y compañeros. Sin embargo, la celebración litúrgica actual del 7 de diciembre centra la conmemoración en Sabino y no ofrece una lista detallada de compañeros ni una reconstrucción narrativa de su pasión.