Sarbelio Makhluf nació con el nombre de Yusuf Antún Makhluf y adoptó después el nombre religioso Charbel al entrar en la vida monástica. En tradición siríaca, el nombre Charbel se interpreta como «el relato o la cuenta de Dios», una expresión que encaja con su itinerario: Dios lo condujo desde la vida sencilla del campo hacia el retiro contemplativo y el servicio al prójimo desde el altar y la oración.1,1
En el imaginario cristiano, Sarbelio se asocia con una espiritualidad «de montaña»: una vida escondida que, sin buscar protagonismo, se convirtió en faro para muchos. La canonización extendió su culto a toda la Iglesia y la predicación de san Pablo VI vinculó su testimonio con la valía de la pobreza, la penitencia y el ascetismo en un mundo atraído por el confort y la riqueza.1,2,4

