Retiro en el bosque
En 1794, después de quince años de vida comunitaria, Serafín se retiró al bosque para vivir como ermitaño. Su existencia adquirió entonces un carácter de intensa soledad, oración y penitencia. La tradición ascética rusa denominaba podvig a este tipo de esfuerzo espiritual radical, entendido como una lucha voluntaria por la conversión interior y la entrega a Dios.
Serafín practicó diversas formas de ascesis:
- La soledad prolongada.
- La oración incesante.
- El silencio voluntario.
- La austeridad corporal.
- La vigilia nocturna.
- La penitencia y el trabajo manual.
Entre 1804 y 1807 vivió durante tres años como estilita: permanecía largas horas sobre una piedra, entregado a la oración. La tradición de los estilitas, nacida en el cristianismo oriental antiguo, consistía en buscar una forma extrema de retiro y penitencia sobre una columna o plataforma elevada. En el caso de Serafín, la práctica tuvo lugar sobre una piedra y durante numerosas noches.
Después adoptó un régimen de silencio absoluto, que mantuvo hasta 1810, año en que tuvo que regresar al monasterio. Posteriormente vivió durante veinticinco años como recluso en una celda muy pequeña y oscura.
La ascesis y la misericordia
La austeridad de Serafín no desembocó en dureza hacia los demás. Su vida personal fue rigurosa, pero trató a quienes acudían a él con bondad, compasión y comprensión. Esta combinación de severidad consigo mismo y misericordia con el prójimo constituye uno de los rasgos más característicos de su figura espiritual.
Para Serafín, la vida cristiana no consistía solo en soportar sufrimientos o multiplicar prácticas penitenciales. También exigía alegría, esperanza y una transformación interior producida por la presencia del Espíritu Santo. Su espiritualidad unía, por tanto, la penitencia con la alegría cristiana.