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San Serapión de Thmuis

San Serapión de Thmuis fue un obispo egipcio del siglo IV, teólogo, escritor y confesor de la fe nicena durante las controversias arrianas. Vinculado al ambiente ascético de Alejandría y amigo de san Antonio Abad, destacó por su defensa de la divinidad del Hijo y del Espíritu Santo, por su oposición al maniqueísmo y por el Eucologio que lleva su nombre, uno de los testimonios litúrgicos más valiosos del Egipto cristiano antiguo. La tradición litúrgica católica celebra su memoria el 21 de marzo.

São Serapião
Ver información de la imagenPintura de San Serapión, c. 2016. https://oca.org/saints/lives/2001/03/21/205346-st-serapion-bishop-of-thmuis-in-lower-egypt, Autor desconocido, Dominio Público. 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreSan Serapión de Thmuis
CategoríaPersona
Nombre Completo
  • Serapión de Thmuis
  • el Escolástico
Descripciónprincipios del siglo IV. c. 370
TítuloObispo
Cargo EclesiásticoObispo de Thmuis
NacionalidadEgipcio
SexoMasculino
Contexto HistóricoControversias arrianas, monacato egipcio y concilio de Sárdica
Escritos RelacionadosEucologio, tratado contra los maniqueos, tratado sobre los títulos de los salmos, cartas
Fecha de Celebración21 de marzo
Festividad21 de marzo
Importancia EclesialObispo, confesor, autor del Eucologio y defensor de la doctrina trinitaria
Importancia HistóricaDefensa de la fe nicena y oposición al maniqueísmo
Miembro deThmuis
TipoSanto, IV, Siglo IV

Tabla de contenido

Identidad y contexto histórico

Serapión ejerció el episcopado en Thmuis, ciudad del Bajo Egipto situada en la región del delta del Nilo. Durante el siglo IV, Thmuis conservaba una posición administrativa relevante y disfrutaba de cierta autonomía respecto a la autoridad del prefecto de Alejandría. Las ruinas de la ciudad han sido identificadas tradicionalmente con el yacimiento de Tell el-Mi'a, al noreste del delta.1

La diócesis de Thmuis pertenecía al ámbito eclesiástico de la provincia de Augustamnica Prima y dependía de la sede de Pelusio. La sucesión episcopal de la ciudad incluyó a san Fileas, mártir, y a otros obispos vinculados a las grandes controversias doctrinales de los siglos IV y V. El episcopado de Serapión debe entenderse, por tanto, dentro de la intensa vida intelectual y eclesial de Egipto, marcada por la influencia de Alejandría, el crecimiento del monacato y la disputa sobre la confesión de la fe trinitaria.1

Las noticias antiguas sitúan su nacimiento aproximadamente a comienzos del siglo IV y su muerte en la segunda mitad de ese siglo. La cronología exacta presenta dificultades. San Jerónimo lo recuerda como un obispo ya célebre durante el reinado del emperador Constancio II, mientras que otros testimonios lo sitúan todavía activo después del año 362. La fecha aproximada de 370 ofrece una referencia tradicional, aunque la documentación no permite fijar con seguridad el año de su muerte.2,3,4

Formación y vida monástica

San Jerónimo atribuye a Serapión el sobrenombre de «el Escolástico», debido a su formación tanto en las ciencias sagradas como en los saberes profanos. La denominación no alude aquí a la escolástica medieval, sino a su condición de hombre instruido, capaz de participar en la elaboración teológica y en la controversia doctrinal con los recursos intelectuales propios de su tiempo.2

La tradición lo relaciona con la escuela catequética de Alejandría, uno de los principales centros de formación cristiana del mundo antiguo. Allí habría ejercido una labor docente antes de retirarse al desierto. La combinación de estudio, enseñanza, vida ascética y servicio episcopal caracteriza la figura de Serapión: no aparece como un intelectual separado de la vida espiritual, sino como un pastor formado en la tradición monástica egipcia.

Durante su permanencia en el desierto entabló amistad con san Antonio Abad, una de las figuras fundadoras del monacato cristiano. Una tradición posterior afirma que Antonio le dejó una de sus túnicas al morir. El dato pertenece al ámbito de la memoria monástica y no permite reconstruir por sí solo una biografía detallada, pero manifiesta la estrecha relación espiritual que la tradición egipcia estableció entre ambos hombres.2

La trayectoria de Serapión muestra la conexión existente entre el episcopado egipcio y el monacato naciente. En el siglo IV, el desierto no constituía un espacio ajeno a la Iglesia institucional. Muchos obispos mantenían vínculos personales y doctrinales con los monjes, y los ascetas desempeñaban una función decisiva en la defensa de la fe, la dirección espiritual y la renovación de la vida cristiana.

Episcopado y defensa de la fe nicena

La actividad episcopal de Serapión coincidió con la crisis provocada por el arrianismo. La controversia discutía la relación entre el Padre y el Hijo, especialmente la afirmación de que el Hijo es verdaderamente Dios y eterno. El Concilio de Nicea, celebrado en el año 325, había confesado que el Hijo es consubstancial al Padre, es decir, que posee la misma naturaleza divina.

Serapión permaneció asociado a la defensa de la fe nicena y colaboró estrechamente con san Atanasio de Alejandría, principal defensor egipcio de las decisiones de Nicea. La memoria histórica lo presenta como un obispo comprometido con la continuidad de la tradición recibida de los Padres y contrario a las fórmulas doctrinales promovidas bajo presión imperial.2,3

La documentación de la época refleja la dureza del conflicto. San Atanasio criticó a los obispos que intentaban sustituir la definición de Nicea por fórmulas sucesivas, adaptadas a las circunstancias políticas del reinado de Constancio II. Para Atanasio, la fe católica no podía depender de una declaración recientemente redactada ni de la autoridad cambiante de un emperador, porque la Iglesia ya había recibido y precisado la doctrina sobre Cristo en Nicea.5

Atanasio defendió asimismo el valor de la continuidad eclesial. Consideraba que los obispos posteriores no podían desacreditar arbitrariamente a los Padres que los habían precedido sin poner en cuestión la propia legitimidad de la enseñanza y de la sucesión episcopal. La defensa de la tradición no significaba una repetición superficial de fórmulas, sino la custodia de la fe apostólica frente a interpretaciones que alteraban su contenido.6,7

Las noticias tradicionales relacionan a Serapión con el Concilio de Sárdica, celebrado hacia el año 343-344 o, según algunas cronologías antiguas, en torno a 347. También lo presentan como confesor durante el reinado de Constancio y como víctima de una persecución política que habría provocado su destierro. La atribución de su participación conciliar y los detalles de su exilio forman parte de una tradición antigua transmitida por autores posteriores, aunque la documentación conservada no permite reconstruir todos los episodios con precisión.3,4

Relación con san Atanasio

Serapión desempeñó un papel relevante en la comunicación teológica entre los obispos fieles a Nicea. Durante el periodo en que Atanasio permaneció oculto o exiliado, Serapión habría informado al patriarca de Alejandría sobre la difusión de una doctrina que negaba o disminuía la divinidad del Espíritu Santo. Esta corriente recibió posteriormente el nombre de macedonianismo o pneumatomaquismo, términos que designan la oposición a la confesión plena del Espíritu Santo como Dios.

La correspondencia entre Atanasio y Serapión dio lugar a las conocidas Cartas a Serapión, una de las primeras exposiciones sistemáticas de la teología católica sobre el Espíritu Santo. Aunque los fragmentos conservados pertenecen principalmente a la obra de Atanasio, la intervención de Serapión resulta esencial para comprender el origen de esa respuesta doctrinal: el obispo de Thmuis actuó como informador, interlocutor y pastor preocupado por una desviación que afectaba al núcleo de la fe bautismal y trinitaria.

La defensa de la divinidad del Espíritu Santo se vinculaba directamente con la estructura de la iniciación cristiana. El bautismo se administraba en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo; por ello, una interpretación que colocase al Espíritu en un nivel inferior al del Padre y del Hijo alteraba la coherencia de la fe recibida y de la vida sacramental.

Obras teológicas

San Jerónimo enumera varias obras de Serapión: un tratado contra los maniqueos, otro dedicado a los títulos de los salmos y diversas cartas de contenido espiritual y doctrinal. La mayor parte de esta producción no ha llegado íntegra hasta la época moderna.2

Contra los maniqueos

El tratado contra el maniqueísmo respondía a una corriente religiosa de origen persa que se extendió por diversas regiones del Imperio romano. El maniqueísmo interpretaba la realidad mediante una oposición radical entre dos principios, uno bueno y otro malo, y atribuía la materia a un ámbito negativo o inferior.

La crítica de Serapión se inscribía en la defensa cristiana de la bondad de la creación, la unidad de Dios y la realidad de la encarnación. La fe católica afirma que existe un solo Dios creador y que el Hijo asumió verdaderamente la naturaleza humana. Por ello, tanto el dualismo maniqueo como cualquier concepción que despreciase la materia resultaban incompatibles con la doctrina cristiana.

San Jerónimo calificó esta obra de excelente, reconocimiento que confirma la importancia que todavía conservaba en la memoria teológica del siglo IV.2

Sobre los títulos de los salmos

El tratado dedicado a los títulos de los salmos pertenecía probablemente al ámbito de la exégesis bíblica. Los títulos de los salmos, presentes en las tradiciones manuscritas antiguas, planteaban cuestiones sobre su autoría, su contexto, su uso litúrgico y su interpretación espiritual.

La obra no ha llegado hasta nosotros, pero su existencia muestra el interés de Serapión por la lectura orante y eclesial de la Escritura. En la tradición cristiana antigua, los salmos constituían al mismo tiempo texto bíblico, oración comunitaria, escuela de virtudes y anuncio de Cristo. La exégesis de sus títulos podía servir para ordenar su proclamación y para orientar la interpretación de la asamblea litúrgica.

Cartas

Las cartas atribuidas a Serapión completan el perfil de un obispo dedicado a la enseñanza y al acompañamiento pastoral. San Jerónimo habla de epístolas valiosas dirigidas a distintas personas, sin conservar el contenido completo de la correspondencia.2

Las cartas de un obispo del siglo IV podían abordar cuestiones doctrinales, disciplinares, ascéticas y comunitarias. En el caso de Serapión, su relación con Atanasio y su intervención en la controversia sobre el Espíritu Santo muestran que la correspondencia episcopal también funcionaba como instrumento de discernimiento teológico y de comunión entre las Iglesias.

El Eucologio de Serapión

La obra más importante conservada bajo el nombre de Serapión es el Eucologio, término griego que significa «libro de oraciones». El manuscrito reúne formularios de bendición, oraciones sacramentales y plegarias destinadas a distintos momentos de la vida cristiana. Su contenido ofrece una ventana excepcional a la práctica litúrgica egipcia del siglo IV.

El Eucologio incluye bendiciones para catecúmenos, fieles laicos y enfermos, además de oraciones sobre el aceite, el agua, el bautismo, la unción posterior al bautismo, el pan y otros elementos relacionados con la atención a los enfermos. También conserva el formulario más antiguo conocido para la bendición del agua bautismal.8

La estructura habitual de estas bendiciones combina tres elementos:

En algunos formularios del Eucologio, la petición ocupa un espacio considerable. La oración no trata los objetos bendecidos como realidades mágicas, sino como dones que reciben una orientación cultual y pastoral dentro de la economía de la salvación. La bendición expresa la dependencia de toda la creación respecto de Dios y su servicio a la vida sacramental de la Iglesia.8

Liturgia, Trinidad y Espíritu Santo

El valor litúrgico del Eucologio

El Eucologio posee una importancia especial para la reconstrucción de la liturgia egipcia anterior a las grandes divisiones cristológicas de los siglos V y posteriores. La comparación entre el libro de oraciones de Serapión, las referencias litúrgicas de san Atanasio y otras tradiciones alejandrinas permite reconstruir, al menos en sus líneas generales, la celebración cristiana del Egipto del siglo IV.9

La liturgia alejandrina presentaba dos grandes momentos: la liturgia de los catecúmenos y la liturgia de los fieles. La primera incluía lecturas bíblicas, salmos y homilía, seguida de la oración y despedida de quienes todavía no participaban plenamente en la Eucaristía. La segunda comenzaba con la presentación de las ofrendas y proseguía con la oración comunitaria, el beso de la paz y la plegaria eucarística.9

Este orden revela una Iglesia consciente de la progresión sacramental: escucha de la Palabra, instrucción, conversión, incorporación bautismal y participación eucarística. El Eucologio encaja en ese marco de una liturgia profundamente bíblica y episcopal, en la que el obispo presidía la oración de la comunidad y reunía las peticiones de la Iglesia.

La fe trinitaria

Las fórmulas del Eucologio poseen valor doctrinal porque muestran cómo la fe trinitaria penetraba en la oración ordinaria. La Iglesia no confesaba la Trinidad únicamente en tratados teológicos o en concilios; también la invocaba en las bendiciones, en el bautismo, en la unción y en la Eucaristía.

La estructura de acción de gracias, petición y doxología refleja la orientación de toda la vida litúrgica hacia el Padre, por medio del Hijo, en el Espíritu Santo. Esta forma de orar corresponde a la fe cristiana según la cual la salvación procede del Padre, ha sido realizada por el Hijo encarnado y comunica sus frutos mediante el Espíritu Santo.

El valor del Eucologio aumenta por su cercanía histórica a las controversias arrianas y pneumatómacas. La liturgia permite comprobar que la reflexión sobre el Espíritu Santo no constituía una cuestión abstracta desligada de la vida de los fieles. El Espíritu aparece relacionado con la santificación del agua, del aceite, de los enfermos y de la comunidad que celebra.

La pneumatología litúrgica

La pneumatología es la doctrina cristiana sobre el Espíritu Santo. El Eucologio aporta datos relevantes para estudiar cómo la Iglesia egipcia expresaba litúrgicamente su acción santificadora. En los antiguos formularios de bendición aparece la petición de que Dios envíe su Espíritu sobre los dones y sobre quienes los reciben.8

La liturgia no formula siempre una definición dogmática con el lenguaje técnico de un concilio. Sin embargo, su modo de invocar al Espíritu posee un alcance teológico claro: el Espíritu actúa como principio de santificación, comunica la gracia y vincula los signos visibles con la acción salvífica de Dios.

La importancia del Eucologio radica precisamente en esta convergencia entre oración y doctrina. Los sacramentarios antiguos permiten estudiar cómo la Iglesia creyó, celebró y transmitió la fe trinitaria antes de que las formulaciones posteriores alcanzaran una precisión terminológica completa. En este sentido, el libro de Serapión constituye un testimonio de la lex orandi, la «ley de la oración», mediante la cual la Iglesia confiesa su fe al celebrar.

Serapión y las controversias sobre el Espíritu Santo

La relación de Serapión con Atanasio adquiere especial importancia en la historia de la doctrina sobre el Espíritu Santo. La controversia pneumatómaca sostenía que el Espíritu Santo no debía recibir la misma confesión de divinidad que el Padre y el Hijo. Atanasio respondió defendiendo que el Espíritu pertenece inseparablemente al misterio de Dios y realiza la santificación propia de Dios.

La cuestión tenía consecuencias directas para la vida cristiana. Si el Espíritu no fuera divino, la santificación, el bautismo y la participación en la vida trinitaria quedarían privados de su fundamento. La Iglesia confesaba, por el contrario, que el Espíritu comunica la vida divina y hace posible la transformación del creyente.

Serapión aparece así como un obispo atento a la relación entre doctrina, pastoral y liturgia. Su preocupación no consistía únicamente en refutar una fórmula errónea, sino en proteger la integridad de la fe que la Iglesia profesaba en el bautismo y celebraba en la Eucaristía.

Espiritualidad y enseñanza ascética

La tradición ascética vinculada a Serapión resume el camino de la perfección cristiana mediante una transformación ordenada de las facultades humanas: la mente alcanza la purificación por el conocimiento espiritual y la oración; las pasiones se ordenan mediante la caridad; y los deseos desordenados encuentran remedio en la abstinencia y la penitencia.4

Este programa espiritual no identifica la santidad con el simple conocimiento intelectual. La formación doctrinal necesita desembocar en la conversión de la vida. El verdadero conocimiento de Dios purifica la mente, la caridad cura el desorden afectivo y la disciplina ascética libera al ser humano de la esclavitud de sus apetitos.

La síntesis refleja el ideal monástico egipcio, pero también posee una dimensión episcopal. Serapión no representó dos modelos separados -el estudioso y el asceta-, sino una unidad entre inteligencia de la fe, oración, penitencia y servicio pastoral.

Distinción frente a otros santos llamados Serapión

La tradición patrística conserva noticias sobre varios personajes llamados Serapión. La identificación correcta resulta necesaria para evitar errores biográficos y bibliográficos.

Serapión de Thmuis

Serapión de Thmuis fue un obispo egipcio del siglo IV, vinculado a san Atanasio, a san Antonio Abad y a la defensa de la fe nicena. Sus obras incluyen el tratado contra los maniqueos, el escrito sobre los títulos de los salmos, cartas y el Eucologio.2

Serapión de Antioquía

Serapión de Antioquía vivió mucho antes, entre finales del siglo II y comienzos del III. Ocupó la sede antioquena durante el reinado de Cómodo y escribió contra el montanismo, contra la apostasía de un cristiano llamado Domnino y contra un evangelio atribuido a san Pedro que circulaba entre los cristianos de Rhossos, en Cilicia.10,11

Este Serapión no fue obispo de Thmuis ni participó en las controversias arrianas. La coincidencia del nombre explica numerosas confusiones en catálogos antiguos y estudios patrísticos.

Otros personajes llamados Serapión

La literatura monástica también conserva referencias a ascetas llamados Serapión, entre ellos figuras relacionadas con el desierto egipcio. No todos pertenecen a la misma generación ni poseen la misma relevancia histórica. La atribución de una obra o de un episodio biográfico exige atender al lugar del episcopado, la cronología y el contenido doctrinal.

El sobrenombre «Escolástico», la sede de Thmuis, la relación con Atanasio y el Eucologio constituyen los rasgos más seguros para identificar al obispo del siglo IV.

Culto y memoria litúrgica

La Iglesia católica conmemora a san Serapión de Thmuis el 21 de marzo. La memoria litúrgica lo presenta como obispo, confesor y padre de la Iglesia antigua. Su testimonio une la fidelidad doctrinal con la vida ascética y la presidencia de la comunidad cristiana.

La tradición hagiográfica también lo recuerda por su amistad con san Antonio Abad y por su defensa de la fe durante la presión arriana. La investigación histórica debe distinguir entre los datos transmitidos por autores antiguos, las tradiciones monásticas y las elaboraciones devocionales posteriores. La figura de Serapión aparece con mayor claridad a través de sus escritos conservados, de su relación documentada con Atanasio y de su inserción en las controversias conciliares del siglo IV.

Valor histórico y teológico

San Serapión de Thmuis ocupa un lugar singular en la historia del cristianismo egipcio por cuatro razones principales:

  • Representa la unión entre cultura y santidad, como muestra su sobrenombre de «Escolástico».
  • Defendió la fe nicena en un periodo en que las fórmulas arrianas recibían apoyo político y episcopal.
  • Contribuyó indirectamente a la formulación de la doctrina sobre el Espíritu Santo mediante su relación con san Atanasio.
  • Transmitió un testimonio litúrgico excepcional a través del Eucologio, especialmente valioso para conocer la oración trinitaria y la práctica sacramental de la Iglesia egipcia.

Su legado demuestra que la teología patrística no nació separada de la oración. Las disputas sobre la divinidad del Hijo y del Espíritu Santo afectaban a la vida concreta de los cristianos porque determinaban quién salva, quién santifica y en cuyo nombre la Iglesia bautiza y celebra la Eucaristía.

Conclusión

San Serapión de Thmuis fue un obispo, teólogo y asceta que vivió en el centro de las grandes transformaciones del cristianismo del siglo IV. Su formación alejandrina, su experiencia monástica, su amistad con san Antonio Abad y su colaboración con san Atanasio configuraron una figura en la que la defensa de la doctrina, la vida espiritual y la práctica litúrgica permanecen inseparables.

El Eucologio constituye su legado más original y permite contemplar cómo la Iglesia egipcia confesaba la Trinidad y pedía la acción santificadora del Espíritu Santo en sus oraciones. La memoria de Serapión no depende de relatos legendarios, sino de la convergencia entre su producción teológica, su compromiso episcopal y el testimonio litúrgico que la tradición ha conservado.

Citas y referencias

  1. Thmuis, . Enciclopedia Católica, Thmuis (1913). 2
  2. B99. Serapión de Thmuis, Eusebio Sofrónio Jerónimo (Jerónimo de Estridón o San Jerónimo). De Viris Illustribus (Sobre Hombres Ilustres), 99. 2 3 4 5 6 7 8
  3. San Serapión, obispo de Thmuis (c. 370 d.C.), Alban Butler. Vidas de los Santos de Butler: Volumen I, 670 (1990). 2 3
  4. San Enda, abad, y Santa Fanchea, virgen (c. 530 d.C.), Alban Butler. Vidas de los Santos de Butler: Volumen I, 671 (1990). 2 3
  5. Concilios de Ariminum y Seleucia. - Parte I. Historia de los concilios, Atanasio de Alejandría. De Synodis, Parte I. 3 (359).
  6. Concilios de Ariminum y Seleucia. - Parte I. Historia de los concilios - Decreto del concilio, Atanasio de Alejandría. De Synodis, Parte I. 14 (359).
  7. Concilios de Ariminum y Seleucia. - Parte I. Historia de los concilios - Decreto del concilio, Atanasio de Alejandría. De Synodis, Parte I. 15 (359).
  8. B2. La Edad Media, Instituto Pontificio Litúrgico. Manual de Estudios Litúrgicos: La Eucaristía (Volumen IV), 403 (1999). 2 3
  9. La liturgia alexandrina, . Enciclopedia Católica, La Liturgia Alexandrina (1913). 2
  10. San Serapión, . Enciclopedia Católica, San Serapión (1913).
  11. B41. Serapión de Antioquía, Eusebio Sofrónio Jerónimo (Jerónimo de Estridón o San Jerónimo). De Viris Illustribus (Sobre Hombres Ilustres), 41.
Modificado el 19 de agosto de 2026 • FideScore™ 9.39Citar este artículoPaq. Scorm (LMS)Sugerir mejoraCompartir artículoImprimir artículoGenerar QRInstalar aplicaciónPermalink: ark:28736/fj4k0mz4w

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