Nórico era una provincia romana situada en la zona de los Alpes orientales y de la cuenca del Danubio. La región comprendía territorios de la actual Austria y áreas vecinas; el Nórico ribereño, donde desarrolló su misión Severino, se extendía aproximadamente desde las proximidades de Viena hasta el río Eno. En el siglo V, la autoridad imperial allí se debilitaba mientras diversos pueblos avanzaban por las fronteras romanas.1,2
La principal narración antigua sobre su vida procede de Eugipio, discípulo suyo, que escribió su biografía. La tradición lo presenta como un hombre de cultura latina, llegado desde Oriente a través de Panonia. No se conocen con certeza su lugar de nacimiento ni su condición social antes de emprender la vida religiosa; los relatos antiguos tampoco permiten fijar con seguridad su fecha de nacimiento.1,3
Severino vivió como monje y cultivó la oración y la soledad, aunque su servicio no quedó encerrado en la vida contemplativa. En palabras de la carta pontificia conmemorativa de los quince siglos de su muerte, a menudo abandonaba «la quietud de su celda» para atender a las comunidades afligidas. Pasó cerca de veinte años en la región antes de morir en 482.1





