El nacimiento del estilita
La tradición explica que finalmente se tomó una decisión «nueva e inédita»: vivir sobre una columna. Se describe que su primer pilar tuvo una altura inicial relativamente modesta y que luego fue sustituido por otros, hasta alcanzar alturas muy considerables.,
En una tradición más detallada se afirma incluso una secuencia por medidas: desde la erección de un pilar de «seis codos» (en 423) y la progresión hacia columnas más altas, culminando en una fase final prolongada sobre una columna de «cuarenta codos». En total se llega a indicar que vivió treinta y siete años sobre columnas y de ahí el nombre de estilita (derivado de la palabra griega para «columna»).
La disciplina corporal y sus límites
Los relatos subrayan que la columna imponía restricciones radicales: se precisa que la plataforma superior era de diámetro reducido, que le dificultaba extenderse, y que no permitía asiento. Se describe que se inclinaba o «recostaba» solo para descansar un poco, y que durante el día realizaba muchas reverencias y actos de oración.
En torno a la Cuaresma y la austeridad, se narra un episodio especialmente significativo: Simeón quiso pasar el tiempo cuaresmal con abstinencia total sin comer ni beber durante cuarenta días, según el ejemplo de Cristo, aunque se le entregaron panes por si fuese necesario. Cuando el sacerdote encontró que el alimento estaba intacto, se dice que Simeón estaba casi sin signos de vida, y que, tras humedecer sus labios y recibir la Eucaristía, poco a poco pudo llegar a ingerir «unas hojas de lechuga».
Este tipo de escenas no deben leerse como una simple excentricidad: el relato insiste en que, para Simeón, la penitencia estaba orientada a una finalidad espiritual más alta, vinculada al deseo de Dios y al gobierno del alma.,
La obediencia y la corrección
Se refiere que en ciertos momentos su forma de vida fue censurada y hasta solicitó su descenso: se dice que una orden fue enviada para que dejase la columna. En el relato, Simeón se prepara para obedecer; pero al conocer que la intención era probar su humildad y, finalmente, no retirar su vocación, el santo permanecería en su camino.
Además, la tradición presenta una enseñanza: en la vida de estos santos, la santidad no consiste primordialmente en lo llamativo de las obras extraordinarias o los milagros, sino en la perfección de la caridad. Esa perspectiva actúa como clave hermenéutica para comprender la «extraordinaria ruta» penitencial sin convertirla en una mera admiración del prodigio.