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San Simón

«San Simón» designa a varios santos y figuras veneradas por la Iglesia católica con el mismo nombre bíblico. Esta entrada recoge las principales identidades -especialmente Simón de Rojas, Simón el Apóstol (el Cananeo / el Zelote) y otros santos llamados Simón-, explica su sentido espiritual y muestra cómo la tradición cristiana conservó sus rasgos a través de la liturgia, la iconografía y el testimonio hagiográfico.

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreSan Simón de Rojas
CategoríaPersona
Nombre Completo
Fecha de Nacimiento1552
Lugar de NacimientoValladolid, Castilla, España
Fecha de Muerte1624
Lugar de MuerteMadrid, España
Canonización1988
Carismaredención, misericordia y servicio a los pobres
Miembro de
  • Orden Trinitaria
  • Congregación de Esclavos del Dulcísimo Nombre de María
Personas relacionadasPapa Juan Pablo II
TipoSanto

Tabla de contenido

El nombre «Simón» en la tradición cristiana

El nombre Simón aparece en el Nuevo Testamento y en la tradición posterior con una fuerte carga bíblica. En los relatos evangélicos, el apóstol lleva un sobrenombre que conecta con el «celo» por la Ley de Dios: los términos que lo identifican -“Cananeo» y «Zelote”- remiten a la misma raíz semántica vinculada a la ardiente fidelidad religiosa.1

Esa idea de celo y de fidelidad reaparece en varios santos: algunos encarnan el celo por Cristo mediante el servicio de caridad y la oración; otros lo traducen en el anuncio del Evangelio y el testimonio hasta el martirio.1,2

«San Simón» no es un solo personaje: mapa de figuras

La Iglesia veneró a personas distintas llamadas Simón. Entre las más conocidas destacan:

  • San Simón de Rojas (España), fraile trinitario, sacerdote y apóstol de la redención de cautivos, con una marcada espiritualidad mariana.3,4
  • San Simón el Apóstol (uno de los Doce), también llamado Cananeo o Zelote; la tradición lo une a episodios de predicación y martirio, aunque los datos posteriores conservan cierto grado de incertidumbre.5,1
  • Otros santos con el mismo nombre (monjes, ermitaños, mártires en diversos países), cuya veneración local y litúrgica se extendió con el tiempo.

San Simón de Rojas (1552-1624)

Vocación y formación

Fray Simón de Rojas, nacido en Valladolid (Castilla), ingresó en el convento trinitario de su ciudad y profesó su vida religiosa en 1572. La formación intelectual incluyó estudios en la Universidad de Salamanca y culminó con su ordenación sacerdotal.3

Su trayectoria posterior combinó estudio, enseñanza y gobierno dentro de su Orden: ejerció el magisterio en filosofía y teología en Toledo, ocupó cargos de superior en distintos conventos y recibió encargos como visitador apostólico en varias ocasiones.3

La biografía canónica también sitúa su vida en la corte: Simón de Rojas fue nombrado confesor de la reina Isabel de Borbón, en el contexto del seguimiento evangélico que caracterizaba su modo de vida.3

Carisma trinitario: redención, misericordia y servicio a los pobres

El rasgo más visible del santo hunde sus raíces en el carisma de la Orden de la Santísima Trinidad: la obra redentora y misericordiosa orientada a liberar a los cautivos y socorrer a los más necesitados. La celebración litúrgica lo presenta como un sacerdote especialmente sensible a las necesidades del prójimo, con atención a los pobres, a los marginados y también a los cristianos encarcelados por su fe.6,7

Pueblo y pobres vieron en él un «protector, defensor y padre», porque su pobreza resultaba concreta y su manera de vivir lo acercaba a quienes sufrían.6,8

La fundación de la Congregación de Esclavos del Dulcísimo Nombre de María

Simón de Rojas impulsó la proyección caritativo-social de una congregación con participación significativa de seglares: la Congregación de Esclavos del Dulcísimo Nombre de María (fundada por él), cuyos miembros asumían compromisos de compartir bienes y ayudar a los pobres.3,6

El santo actuó con energía apostólica para intensificar ese alcance, y el conjunto del movimiento respondía a su visión de una caridad organizada, fiel y estable.7

Oración contemplativa y vida pascual como eje

La Iglesia interpretó la vida de Simón de Rojas desde el misterio pascual como «paradigma» de la vocación a la santidad: el Evangelio invita a amar de tal modo que uno «pierde» su vida en este mundo para conservarla para la vida eterna, y también invita a servir siguiendo la ruta de Cristo.2

La vida del santo encarnó esa lógica: no dejó de realizar tareas apostólicas exigentes, pero sostuvo una vida interior intensa. En la narración de la celebración se describe su dedicación a la oración contemplativa con amplios espacios de tiempo durante el día y la noche, incluso después del oficio de la mitad de la noche.8,7

Esa síntesis -actividad redentora y unión contemplativa- aparece como una clave para entender su santidad: la misión nacía de la oración y la pobreza concreta alimentaba su testimonio.6,8

Devoción mariana: «Padre Ave María» y difusión del rosario

La liturgia resalta la dimensión mariana como un motor espiritual constante. Simón de Rojas creció en una relación confiada con la Virgen desde la infancia y la vivió con creciente intensidad a lo largo de su vida. Propagó esa devoción mediante diversos medios y llegó a ser conocido por el pueblo con el apelativo cariñoso de «Padre Ave María».4,7

La devoción mariana tomó forma práctica en el modo de rezar y de repetir jaculatorias. La celebración recoge un lema personal que resume su pertenencia filial: «Sea yo, Señora, todo de Vos, y nada tendré que temer».4,7

Simón de Rojas difundió también el rosario, y la Iglesia presenta su vida como modelo cercano para la práctica mariana: la Virgen no funcionó como adorno devocional, sino como escuela de pertenencia a Cristo y de caridad hacia el prójimo.4,7

Cortesía evangélica: pobreza en medio del esplendor

La biografía litúrgica subraya una paradoja fecunda: Simón de Rojas entró en el entorno de la realeza como confesor, pero rechazó el estilo mundano; no aceptó carruajes ni salario, y mantuvo una pobreza visible incluso «entre los regalos espléndidos».3,6

Esta coherencia ofreció un testimonio evangélico que los pobres leyeron como signo auténtico, no como estrategia.8

Muerte, canonización y legado

Simón de Rojas murió en Madrid en 1624.3

La Iglesia lo elevó a los altares tras el proceso correspondiente: el testimonio oficial recuerda su camino de santidad y la confirmación de virtudes, así como la celebración de la canonización junto con otros santos en el contexto eclesial de 1988.9,5

Su legado se articula en tres ejes que se repiten en la predicación y en la memoria eclesial:

San Simón el Apóstol (el Cananeo / el Zelote)

Identificación: Cananeo y Zelote

La tradición cristiana sitúa al apóstol Simón en las listas de los Doce. Los evangelios presentan sobrenombres distintos para él: «Cananeo» (Mateo y Marcos) y «Zelote» (Lucas y Hechos). La lectura católica explica que ambos términos traducen la misma idea de «celo», vinculada a la devoción ardiente por Dios y por su Ley.5,1

Benedicto XVI conectó esa «celada» con el amor a Dios que impulsa una entrega total, sin reducirla a pertenencias políticas. El papa subrayó además la pluralidad de procedencias dentro del colegio apostólico: Jesús llama a colaboradores de los más variados contextos, y el vínculo que unifica todo es Él mismo.1

Tradiciones sobre su predicación y martirio

Los datos históricos sobre la vida posterior de Simón el Apóstol conservan un carácter tradicional y desigual. La tradición recoge que los lugares de predicación y el modo del martirio siguieron caminos diversos según las corrientes históricas: algunas tradiciones conectan su muerte con martirio al modo de persecución en territorios concretos; otras ubican su trabajo en regiones más amplias.5

La Iglesia también recuerda que la incertidumbre afecta a detalles como el itinerario preciso y el lugar exacto del entierro. La veneración de relictos muestra, en cualquier caso, la memoria viva que distintas comunidades conservaron con el paso de los siglos.5

Culto litúrgico y atributos iconográficos

En la iconografía occidental aparece con un atributo característico: la sierra, vinculada a la tradición sobre el modo del martirio («su cuerpo fue dicho ser aserrado», según el relato tradicional).5

La tradición litúrgica occidental lo conmemora junto con Judas Tadeo en fechas específicas del calendario. En la tradición occidental, la fiesta de Simón se recoge en 28 de octubre, mientras otras tradiciones cristianas lo conmemoran en otras fechas.5

Las huellas de su culto a través del tiempo incluyen veneración de reliquias en Roma bajo el marco de la veneración cristiana de la pasión.5

Reliquias y memoria en la Iglesia

La memoria de Simón el Apóstol se conservó con referencias a lugares diversos. La tradición describe rastros de reliquias que aparecen desde Babilonia hasta Roma y Toulouse, y coloca en Roma una veneración vinculada al ámbito del Vaticano.5

Simón y Judas Tadeo: el sentido eclesial de dos apóstoles juntos

Dos nombres, un mismo mensaje de amor que se vuelve vida

La Iglesia suele asociar a Simón con Judas Tadeo en la memoria de los apóstoles. La catequesis de Benedicto XVI los examina juntos y subraya que el conocimiento biográfico directo permanece limitado; el Nuevo Testamento preserva una carta atribuida a Judas y ofrece pocas escenas sobre ambos.1

Judas Tadeo aparece como el apóstol que pregunta por la manifestación del Señor: el misterio de la presencia de Cristo no se reduce a un espectáculo público; Cristo se «manifiesta» plenamente a quien lo ama y guarda su palabra.1

Benedicto XVI explicó esa respuesta como un principio de vida espiritual: el creyente debe abrir el corazón para percibir la presencia del Resucitado, no como cosa, sino como realidad que entra en la existencia.1

Comunión en la diferencia

En la reflexión papal, Jesús unifica a sus discípulos pese a sus diferencias: el colegio apostólico anticipa a la Iglesia donde caben carismas diversos, pueblos distintos y cualidades humanas que encuentran unidad en la comunión con Cristo.1

Esa visión ofrece una lectura pastoral útil para los creyentes: la fe no borra la personalidad, sino que la ordena al Evangelio y la integra en una vida eclesial común.

Otros santos llamados Simón

La devoción cristiana conservó otras figuras santas con ese nombre. Esta variedad muestra que «San Simón» puede remitir a una constelación de testimonios, más que a un único relato.

Simón de Crépy (monje, entorno medieval)

La tradición lo presenta como un hombre ligado al mundo noble que, con el tiempo, abrazó la vida monástica y recibió encargos que exigían reconciliación y restauración de derechos, además de tareas en contextos eclesiales de negociación.

Simón de la Montaña Mercurio (ermitaño)

La veneración lo sitúa como ermitaño en el entorno de la «Montaña Mercurio». La memoria litúrgica conserva su figura como ejemplo de vida retirada y, al mismo tiempo, reconocida por la providencia de Dios en el lugar de su vida espiritual.

Mártires y confesores de nombre Simón

Varias vidas martiriales llevan el nombre de Simón en distintos continentes:

  • Simón-Marie-Just Ranfer de Bretenières, sacerdote francés y mártir, asociado a los «mártires de Corea» en la memoria eclesial.
  • Simón Hoa Dac Phan y Simón Hoa (laico), mártires en Vietnam en la memoria de la Iglesia.
  • Simón Qin Cunfu, mártir en China en el marco de persecuciones del periodo final del siglo XIX y comienzos del XX.

Simón (otras tradiciones sobre santos y confusiones de nombres)

La hagiografía muestra que el nombre bíblico «Simón» convive con otros nombres afines en el uso popular (como Simeón, asociado al relato de Lucas). La Iglesia honra al «Simeón» del Evangelio como hombre justo que contempla al Mesías y canta el Nunc dimittis, aunque ese personaje responde a la forma «Simeón» más que a «Simón».11

Confusiones frecuentes: Simón Mago y el término «simonía»

Simón Mago no pertenece a la santidad cristiana

En el lenguaje religioso, el nombre «Simón» también aparece en el contexto de Simón Mago, figura asociada en la tradición a errores doctrinales y a prácticas de carácter interesado. La narración católica recuerda que Simón se llamó «magus» por sus artes, intentó obtener poder espiritual mediante dinero y terminó reprobado por Pedro, según el relato de Hechos.12

La Iglesia y la tradición patrística lo conectaron con la figura del «primer hereje» y con relatos posteriores que describen su caída en prácticas contrarias a la fe auténtica.12

«Simoniaca» o «simonía»: cambio entre lo espiritual y lo temporal

El uso eclesial del término simonía deriva de la figura de Simón Mago. La tradición teológica define la simonía como una intención deliberada de comprar o vender, por precio temporal, realidades espirituales o anexas a lo espiritual.13

Esa gravedad se expresa también en la lógica de «intercambio»: la Iglesia prohíbe ciertos tratos para evitar la degradación de bienes espirituales.13

Lectura espiritual: por qué «San Simón» habla al creyente hoy

El conjunto de figuras bajo el nombre «San Simón» ofrece una teología práctica:

  • La fidelidad apasionada a Dios (celo del apóstol) se vuelve fundamento de la vida cristiana cuando el creyente une amor y obediencia.1
  • La caridad concreta (Simón de Rojas) convierte el Evangelio en gesto: el santo encarna redención, pobreza visible y atención a los cautivos y a los marginados.6,3
  • La vida interior no se contradice con la misión: Simón de Rojas sostuvo una oración contemplativa intensa mientras realizaba una actividad apostólica exigente.8
  • María acompaña el camino: la devoción mariana aparece como escuela de pertenencia a Cristo y de impulso hacia el prójimo.4,7

Conclusión

«San Simón» reúne varios testimonios cristianos que comparten un mismo centro: la respuesta al amor de Cristo que se traduce en fidelidad, oración y caridad. San Simón de Rojas encarna ese ideal con una espiritualidad marcada por el misterio pascual y la devoción mariana, mientras Simón el Apóstol revela el celo por Dios que conduce al anuncio y al testimonio. La Iglesia preserva sus nombres en la liturgia y en la memoria devocional como caminos vivos hacia la santidad.2,4,1

Citas y referencias

  1. Simón y Judas, Papa Benedicto XVI. Audiencia General del 11 de octubre de 2006: Simón y Judas - 1 (2006). 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11
  2. Papa Juan Pablo II. Simón de Rojas (1552-1624) - Homilía, 3 (1988). 2 3
  3. Resumen biográfico, El Dicasterio para las Causas de los Santos. Simón de Rojas (1552-1624) - Biografía, 1 (1988). 2 3 4 5 6 7 8
  4. Santa Sede. Acta Apostolicae Sedis: Número 12, noviembre, 1988, 25 (1988). 2 3 4 5 6 7
  5. San Simón el apóstol. Enciclopedia Católica, San Simón el Apóstol (1913). 2 3 4 5 6 7 8 9
  6. Santa Sede. Acta Apostolicae Sedis: Número 12, noviembre, 1988, 24 (1988). 2 3 4 5 6
  7. Papa Juan Pablo II. 3 de julio de 1988: Canonización de Simón de Rojas y Rose Philippine Duchesne - Homilía, 1 (1988). 2 3 4 5 6 7 8
  8. Papa Juan Pablo II. Simón de Rojas (1552-1624) - Homilía, 4 (1988). 2 3 4 5 6
  9. Santa Sede. Acta Apostolicae Sedis: Número 6, junio, 1989, 5 (1989).
  10. Papa Juan Pablo II. A los peregrinos reunidos en Roma con motivo de la canonización de Simón de Rojas y de Rose Philippine Duchesne (4 de julio de 1988) - Discurso, 1 (1988). 2 3
  11. Santo Simeón. Enciclopedia Católica, Santo Simeón (1913).
  12. Simón el mago. Enciclopedia Católica, Simón el Mago (1913). 2
  13. Simonía. Enciclopedia Católica, Simonía (1913). 2
Modificado el 14 de julio de 2026 • FideScore™ 8.00Citar este artículo

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