Vocación y formación
Fray Simón de Rojas, nacido en Valladolid (Castilla), ingresó en el convento trinitario de su ciudad y profesó su vida religiosa en 1572. La formación intelectual incluyó estudios en la Universidad de Salamanca y culminó con su ordenación sacerdotal.
Su trayectoria posterior combinó estudio, enseñanza y gobierno dentro de su Orden: ejerció el magisterio en filosofía y teología en Toledo, ocupó cargos de superior en distintos conventos y recibió encargos como visitador apostólico en varias ocasiones.
La biografía canónica también sitúa su vida en la corte: Simón de Rojas fue nombrado confesor de la reina Isabel de Borbón, en el contexto del seguimiento evangélico que caracterizaba su modo de vida.
Carisma trinitario: redención, misericordia y servicio a los pobres
El rasgo más visible del santo hunde sus raíces en el carisma de la Orden de la Santísima Trinidad: la obra redentora y misericordiosa orientada a liberar a los cautivos y socorrer a los más necesitados. La celebración litúrgica lo presenta como un sacerdote especialmente sensible a las necesidades del prójimo, con atención a los pobres, a los marginados y también a los cristianos encarcelados por su fe.,
Pueblo y pobres vieron en él un «protector, defensor y padre», porque su pobreza resultaba concreta y su manera de vivir lo acercaba a quienes sufrían.,
La fundación de la Congregación de Esclavos del Dulcísimo Nombre de María
Simón de Rojas impulsó la proyección caritativo-social de una congregación con participación significativa de seglares: la Congregación de Esclavos del Dulcísimo Nombre de María (fundada por él), cuyos miembros asumían compromisos de compartir bienes y ayudar a los pobres.,
El santo actuó con energía apostólica para intensificar ese alcance, y el conjunto del movimiento respondía a su visión de una caridad organizada, fiel y estable.
Oración contemplativa y vida pascual como eje
La Iglesia interpretó la vida de Simón de Rojas desde el misterio pascual como «paradigma» de la vocación a la santidad: el Evangelio invita a amar de tal modo que uno «pierde» su vida en este mundo para conservarla para la vida eterna, y también invita a servir siguiendo la ruta de Cristo.
La vida del santo encarnó esa lógica: no dejó de realizar tareas apostólicas exigentes, pero sostuvo una vida interior intensa. En la narración de la celebración se describe su dedicación a la oración contemplativa con amplios espacios de tiempo durante el día y la noche, incluso después del oficio de la mitad de la noche.,
Esa síntesis -actividad redentora y unión contemplativa- aparece como una clave para entender su santidad: la misión nacía de la oración y la pobreza concreta alimentaba su testimonio.,
Devoción mariana: «Padre Ave María» y difusión del rosario
La liturgia resalta la dimensión mariana como un motor espiritual constante. Simón de Rojas creció en una relación confiada con la Virgen desde la infancia y la vivió con creciente intensidad a lo largo de su vida. Propagó esa devoción mediante diversos medios y llegó a ser conocido por el pueblo con el apelativo cariñoso de «Padre Ave María».,
La devoción mariana tomó forma práctica en el modo de rezar y de repetir jaculatorias. La celebración recoge un lema personal que resume su pertenencia filial: «Sea yo, Señora, todo de Vos, y nada tendré que temer».,
Simón de Rojas difundió también el rosario, y la Iglesia presenta su vida como modelo cercano para la práctica mariana: la Virgen no funcionó como adorno devocional, sino como escuela de pertenencia a Cristo y de caridad hacia el prójimo.,
Cortesía evangélica: pobreza en medio del esplendor
La biografía litúrgica subraya una paradoja fecunda: Simón de Rojas entró en el entorno de la realeza como confesor, pero rechazó el estilo mundano; no aceptó carruajes ni salario, y mantuvo una pobreza visible incluso «entre los regalos espléndidos».,
Esta coherencia ofreció un testimonio evangélico que los pobres leyeron como signo auténtico, no como estrategia.
Muerte, canonización y legado
Simón de Rojas murió en Madrid en 1624.
La Iglesia lo elevó a los altares tras el proceso correspondiente: el testimonio oficial recuerda su camino de santidad y la confirmación de virtudes, así como la celebración de la canonización junto con otros santos en el contexto eclesial de 1988.,
Su legado se articula en tres ejes que se repiten en la predicación y en la memoria eclesial:
- Redención y misericordia para los cautivos y los pobres.,
- Vida de oración que sostiene la acción apostólica.,
- Devoción mariana vivida con intensidad, traducida en jaculatorias y en la difusión del rosario.,