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San Sotero

San Sotero fue el decimotercer obispo de Roma y papa de la Iglesia católica durante la segunda mitad del siglo II, probablemente entre los años 166 y 175. La tradición litúrgica lo honra como papa y mártir el 22 de abril. Su figura aparece vinculada especialmente a la caridad de la Iglesia de Roma, a la ayuda prestada a comunidades cristianas necesitadas y a la relación epistolar entre Roma y Corinto.1,2

Pope Soterius
Ver información de la imagenRetratos de en:Pope Soter en la en:Basilica of Saint Paul Outside the Walls, Roma. http://www.oremosjuntos.com/Papa/SanSotero.html, Autor desconocido, Dominio Público. 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreSan Sotero
CategoríaPersona
TítuloPapa y mártir
Lugar de NacimientoFondi, Campania, Italia
NacionalidadItaliana
SexoMasculino
Autoridad EclesiásticaPapa de la Iglesia católica
Fecha de Celebración22 de abril
Fin del Pontificado175
Inicio del Pontificado166
Lugar de SepulturaVía Apia, Roma
Personas relacionadas
TipoPapa, Obispo de Roma

Tabla de contenido

Identidad y nombre

El nombre Sotero procede del griego Sotḗr, relacionado con la idea de salvador o libertador. En los testimonios antiguos aparece como Soter, forma latina de su nombre griego. La tradición posterior lo incluye entre los primeros papas venerados como santos.

San Sotero no debe confundirse con santa Soteris, virgen y mártir romana del siglo IV. Aunque ambos nombres comparten la misma raíz griega, corresponden a personas distintas: Sotero fue obispo de Roma, mientras que Soteris perteneció a una familia romana de rango elevado y recibió culto como virgen mártir.3

Vida y contexto histórico

La Iglesia romana en el siglo II

Sotero ejerció el ministerio episcopal en una época en la que las comunidades cristianas todavía carecían de muchas estructuras jurídicas, administrativas y litúrgicas que aparecerían más tarde. La Iglesia vivía integrada en ciudades del Imperio romano, reunida en casas particulares y dirigida por obispos, presbíteros y diáconos.

La disciplina eclesiástica de aquel periodo no puede interpretarse mediante categorías propias de la Edad Media o de la época moderna. Las formas posteriores de derecho canónico, los procedimientos jurídicos uniformes y las instituciones centralizadas todavía no existían. La vida de las comunidades dependía en buena medida de la autoridad de sus obispos, de la tradición recibida de los apóstoles y de la comunión práctica entre las distintas iglesias.

La disciplina cristiana comprendía la formación de los fieles, la doctrina, la conducta moral y el culto. Sin embargo, las normas positivas promulgadas por la autoridad eclesiástica se encontraban todavía en una fase de desarrollo, y las iglesias afrontaban las cuestiones pastorales mediante cartas, exhortaciones, decisiones episcopales y costumbres recibidas.4

Fechas del pontificado

Las fuentes históricas no coinciden por completo en la cronología del pontificado de Sotero. Una datación ampliamente aceptada sitúa su gobierno aproximadamente entre 166 y 175, aunque algunos catálogos antiguos y autores de la historiografía eclesiástica propusieron fechas algo diferentes, como 167-175.1

Un catálogo pontificio antiguo, transmitido en una compilación posterior, presenta una cronología distinta y coloca la elección de Sotero alrededor del año 162. Este dato refleja la dificultad de reconstruir con exactitud las sucesiones episcopales romanas del siglo II, cuyos registros no poseen la precisión de los archivos pontificios de épocas posteriores.5

La sucesión tradicional sitúa a Sotero después de san Aniceto y antes de san Eleuterio. La documentación permite afirmar con seguridad razonable que Sotero perteneció a la sucesión de los obispos de Roma de la segunda mitad del siglo II; en cambio, las fechas exactas de comienzo y final de su pontificado deben tratarse con prudencia.

Origen

Una tradición recogida por catálogos pontificios tardíos presenta a Sotero como originario de Fondi, en la región italiana de Campania. También le atribuye el nombre de su padre, Concordio. Estos detalles pertenecen a una tradición biográfica posterior y no cuentan con el mismo grado de certeza que el testimonio contemporáneo de Dionisio de Corinto sobre su actividad pastoral.5

La escasez de datos biográficos resulta habitual entre los primeros papas. Las comunidades cristianas del siglo II conservaron mejor la memoria de la doctrina, del testimonio martirial y de las relaciones entre iglesias que los datos personales de cada obispo.

Testimonio de Dionisio de Corinto

La carta a la Iglesia de Roma

El testimonio histórico más valioso sobre San Sotero procede de una carta de san Dionisio, obispo de Corinto, conservada por Eusebio de Cesarea en su Historia eclesiástica. Dionisio dirigió la carta a Sotero y a la comunidad cristiana de Roma.

Dionisio elogia la generosidad tradicional de los romanos y afirma que Sotero no solo había conservado esa práctica, sino que la había aumentado. El obispo de Corinto recuerda que Roma enviaba ayudas a numerosas iglesias y socorría a cristianos condenados a trabajar en las minas, una de las penas más duras del sistema penal romano.1

La carta ofrece una imagen de Sotero como pastor atento a las necesidades materiales y espirituales de otros cristianos. Dionisio no lo presenta únicamente como una autoridad administrativa, sino como un obispo que consolaba a los hermanos con sus palabras y sostenía a las comunidades mediante bienes concretos.

«Desde el principio tenéis la costumbre de hacer el bien a todos los hermanos de muchas maneras y de enviar ayudas a numerosas iglesias de cada ciudad».1

La ayuda a los cristianos condenados a las minas merece una consideración particular. Las minas imperiales podían convertirse en lugares de sufrimiento extremo, con trabajos agotadores, alimentación insuficiente y duras condiciones de vigilancia. El apoyo económico de la Iglesia romana permitía aliviar, al menos parcialmente, la situación de los condenados y de sus familias.

La lectura litúrgica de las cartas

Dionisio afirma que los corintios habían leído durante la celebración dominical la carta que Sotero les había enviado en nombre de la Iglesia de Roma. Añade que la conservarían para leerla también en el futuro, como exhortación espiritual, del mismo modo que seguían leyendo la carta enviada anteriormente por Clemente de Roma.1

Este testimonio posee gran importancia para la historia de la Iglesia primitiva. Muestra que las cartas episcopales podían desempeñar una función litúrgica y catequética. La comunidad de Corinto no consideraba la carta romana una comunicación privada sin más, sino una exhortación digna de ser escuchada en la asamblea cristiana.

La carta de Sotero no ha llegado hasta nuestros días. Algunos autores antiguos y modernos intentaron identificarla con la obra conocida como Segunda carta de Clemente, pero esa atribución carece de base suficiente para afirmarla como conclusión histórica.1

La correspondencia entre las sedes apostólicas

Comunión entre iglesias

La correspondencia de Sotero con Corinto testimonia una práctica decisiva para la vida de la Iglesia primitiva: las comunidades cristianas mantenían la comunión mediante el intercambio de cartas, visitas, ayuda económica y reconocimiento mutuo de la tradición apostólica.

En el siglo II todavía no existía una administración eclesiástica mundial semejante a la actual. Las iglesias locales no recibían instrucciones cotidianas desde un centro burocrático. La unidad se expresaba mediante la comunión en la fe, la celebración de la Eucaristía, la sucesión de los obispos, la recepción de cartas y la ayuda fraterna.

La Iglesia de Roma ocupaba una posición singular por su relación con los apóstoles Pedro y Pablo y por su antigüedad. Ireneo de Lyon apeló a la tradición conservada en las iglesias apostólicas para defender la fe católica frente a las doctrinas gnósticas. En ese contexto, Roma aparecía como una iglesia cuya sucesión episcopal y cuya enseñanza podían servir como referencia para la tradición apostólica.6

El significado de la carta romana

La carta enviada por Sotero a Corinto permite comprender cómo funcionaba la autoridad eclesial en aquel periodo. La relación entre Roma y Corinto no aparece descrita como una cadena de órdenes administrativas, sino como una relación de comunión, exhortación y responsabilidad pastoral.

La recepción litúrgica de la carta confirma varias realidades:

  • Roma y Corinto mantenían una relación estable de comunión.
  • Las comunidades reconocían valor espiritual a las cartas de otras iglesias.
  • La memoria de Clemente de Roma seguía viva en Corinto varias décadas después.
  • La autoridad episcopal incluía la enseñanza, la consolación y la ayuda fraterna.
  • La unidad de la Iglesia se manifestaba mediante vínculos concretos entre comunidades distantes.

La práctica de recurrir a las iglesias apostólicas adquirió una importancia especial cuando surgían controversias doctrinales. Ireneo defendió la necesidad de acudir a las iglesias antiguas en las que habían predicado los apóstoles para recibir una doctrina segura y confiable.6

Roma y la primacía apostólica

La tradición católica entiende la sede romana como la sede vinculada a la continuidad del ministerio apostólico de Pedro. La expresión Sede Apostólica designa la autoridad ejercida por la Iglesia de Roma en continuidad con la misión de Pedro, principal entre los apóstoles.7

Conviene evitar, sin embargo, una proyección anacrónica. La presencia de una autoridad especial de Roma en el siglo II no equivale todavía a la forma jurídica y administrativa que el primado papal adquiriría en siglos posteriores. La correspondencia de Sotero manifiesta una primacía ejercida dentro de la comunión de las iglesias, mediante el servicio pastoral, la enseñanza y la caridad.

La Comisión Teológica Internacional explica que, desde el siglo IV, las provincias eclesiásticas y los sínodos provinciales promovieron de manera más organizada la comunión entre las iglesias locales. Esa evolución posterior ayuda a distinguir las formas primitivas de comunión episcopal de las estructuras sinodales y patriarcales desarrolladas más tarde.8

La caridad de San Sotero

Ayuda a las iglesias necesitadas

La tradición transmitida por Dionisio de Corinto presenta la caridad como uno de los rasgos principales del pontificado de Sotero. La Iglesia romana enviaba recursos a otras comunidades y respondía a las peticiones de los cristianos pobres.

Esta práctica no constituía una acción asistencial aislada. La ayuda económica expresaba la conciencia de que las iglesias locales formaban un solo cuerpo. Una comunidad con mayores recursos podía sostener a otra que padecía pobreza, persecución o aislamiento. La caridad fortalecía así la comunión eclesial.

La memoria de esta generosidad no quedó limitada al tiempo de Sotero. La Iglesia romana continuó siendo recordada en siglos posteriores por su apoyo a comunidades cristianas necesitadas. El testimonio de Dionisio de Corinto constituye, por tanto, una de las primeras referencias a la dimensión intereclesial de la caridad romana.1

Atención a los cristianos condenados

Dionisio alude expresamente a los hermanos que sufrían en las minas. La Iglesia no abandonaba a quienes habían recibido una condena penal por causa de su fe o que, en cualquier caso, padecían una situación de extrema vulnerabilidad.

El apoyo descrito por Dionisio podía incluir recursos materiales y palabras de consuelo. La acción de Sotero revela una concepción de la autoridad cristiana como servicio a los débiles, no como prestigio social. El obispo de Roma ejercía su responsabilidad mediante la solidaridad efectiva con quienes no podían defenderse por sí mismos.

La celebración de la Pascua

Una tradición atribuye a Sotero una intervención en la regularización de la celebración anual de la Pascua en domingo. Esta tradición debe entenderse dentro de los debates pascuales del siglo II, cuando las iglesias de distintas regiones todavía conservaban calendarios y costumbres no plenamente uniformes.

La cuestión pascual no consistía en una simple diferencia de calendario. La fecha de la Pascua afectaba a la identidad litúrgica de las comunidades y a la manifestación visible de la unidad cristiana. Algunas iglesias de Asia Menor conservaron prácticas vinculadas al 14 de Nisán, mientras otras celebraban la Pascua en domingo.

No conviene atribuir a Sotero una legislación universal con el alcance de las disposiciones conciliares posteriores. Durante el siglo II, los obispos podían promover una práctica común mediante cartas, exhortaciones y acuerdos, pero las formas de uniformidad litúrgica todavía no correspondían al modelo jurídico de épocas posteriores.

La disciplina eclesial en tiempos de Sotero

Una etapa de desarrollo

La Iglesia del siglo II conocía la corrección fraterna, la penitencia, la exclusión temporal de la comunión y la readmisión del pecador arrepentido. Sin embargo, las modalidades concretas variaban entre las comunidades.

La documentación sobre la penitencia primitiva muestra la existencia de tendencias rigoristas, que limitaban la posibilidad de reconciliación después del bautismo, junto con una corriente pastoral que defendía la llamada a la conversión y el retorno a la comunión eclesial. El Pastor de Hermas, escrito probablemente en la primera mitad del siglo II, enseña que el pecador podía volver a Dios mediante la penitencia, aunque sus expresiones sobre una única oportunidad penitencial admiten diversas interpretaciones.9

El desarrollo posterior de la penitencia no permite atribuir automáticamente a Sotero normas precisas que pertenecen a siglos posteriores. La Iglesia primitiva actuaba con una disciplina real, pero todavía no contaba con un sistema penitencial uniforme y codificado.

Exclusión y reconciliación

La excomunión, cuando aparecía, tenía carácter medicinal. Su finalidad consistía en conducir al pecador al arrepentimiento y favorecer su reintegración en la comunidad, no en infligir una venganza. La disciplina primitiva podía apartar de la comunión a quien persistía gravemente en el pecado, pero mantenía abierta la esperanza de la conversión.10

El testimonio de la práctica cristiana posterior confirma esta orientación. Juan Crisóstomo comparó la acción de la Iglesia con un médico que trata la enfermedad sin destruir al enfermo: la corrección debía buscar la curación y la restauración de la persona.11

Nada permite reconstruir con exactitud las decisiones disciplinarias concretas de Sotero. La ausencia de documentos no autoriza a imaginar decretos detallados ni a aplicar retrospectivamente el derecho canónico medieval o moderno a una comunidad del siglo II.

¿Fue mártir San Sotero?

La tradición martirial

El Martirologio Romano conmemora a Sotero como papa y mártir en Roma, en la vía Apia. La tradición litúrgica celebra su memoria el 22 de abril, junto con la de san Cayo, otro papa venerado como mártir.2

La tradición romana antigua vinculó con frecuencia la santidad de sus primeros obispos al martirio. La persecución, la memoria de los sepulcros y la veneración litúrgica contribuyeron a configurar los calendarios de santos. No obstante, los testimonios conservados no ofrecen un relato detallado del arresto, del juicio ni de la ejecución de Sotero.

Historia y leyenda hagiográfica

La tradición histórica permite afirmar que Sotero fue obispo de Roma, que mantuvo relaciones con la Iglesia de Corinto y que recibió el reconocimiento de la comunidad corintia por su generosidad. La tradición litúrgica añade su condición martirial.

La prudencia histórica exige distinguir entre ambos niveles. La veneración de Sotero como mártir pertenece a la tradición eclesial recibida, pero los detalles narrativos sobre su muerte no cuentan con una documentación comparable a la de otros mártires de los que conservamos actas antiguas.

Los primeros papas aparecen a menudo rodeados por relatos hagiográficos desarrollados en épocas posteriores. La hagiografía busca transmitir la santidad y el testimonio de la fe, mientras que la historiografía intenta establecer fechas, documentos y hechos verificables. Ambas perspectivas pueden convivir, siempre que no atribuyamos a los relatos tardíos una precisión histórica que no poseen.

Sepultura y culto

La tradición sitúa la sepultura de Sotero en el área de la vía Apia, relacionada con el cementerio de Calixto. El Martirologio Romano conmemora allí su dies natalis, expresión litúrgica que designa el día de su entrada en la vida eterna, es decir, su muerte y nacimiento para el cielo.2

La memoria litúrgica de Sotero aparece unida a la de san Cayo el 22 de abril en numerosos martirologios. Algunas tradiciones antiguas asignaron a Sotero el 21 de abril y variaron también la fecha conmemorativa de Cayo, pero acabó prevaleciendo la celebración conjunta del 22 de abril.1

Legado espiritual

La figura de San Sotero ofrece tres dimensiones principales para la memoria católica:

El servicio pastoral

Sotero representa una forma de autoridad episcopal centrada en la edificación de la comunidad. Su autoridad aparece vinculada a la enseñanza, la consolación y la preocupación por los cristianos perseguidos o necesitados.

La comunión entre iglesias

Su correspondencia con Corinto muestra que la Iglesia primitiva vivía la unidad mediante relaciones concretas entre sedes apostólicas y comunidades locales. Las cartas no solo transmitían información: fortalecían la fe, conservaban la memoria apostólica y expresaban la comunión eclesial.

La caridad organizada

La ayuda enviada desde Roma a otras iglesias constituye uno de los testimonios más antiguos de una caridad que superaba los límites de la comunidad local. Sotero entendió el ministerio romano como responsabilidad hacia cristianos distantes, pobres o sometidos a duras condiciones de vida.

Valoración histórica

La información sobre San Sotero resulta escasa, pero el testimonio de Dionisio de Corinto posee un valor excepcional. Frente a las biografías tardías, que proporcionan datos cronológicos o familiares difíciles de verificar, la carta de Dionisio ofrece una imagen contemporánea de Sotero y de la Iglesia romana.

El dato más sólido no es una narración de martirio ni una lista de decretos, sino la descripción de un obispo que ejercía su ministerio mediante la caridad y la comunicación con otras iglesias. La memoria de Sotero se apoya así en una combinación de tradición episcopal, culto litúrgico y testimonio de comunión entre las sedes apostólicas.

Conmemoración litúrgica

La Iglesia católica celebra a San Sotero, papa y mártir, el 22 de abril. Su memoria invita a contemplar la continuidad de la Iglesia apostólica, la fidelidad en tiempos de dificultad y la obligación cristiana de socorrer a los hermanos necesitados.2

San Sotero quedó para la tradición católica como un pastor cuya autoridad se manifestó especialmente en la caridad, la comunión entre las iglesias y la fidelidad al testimonio apostólico.

Citas y referencias

  1. Cayo y Sóter, santos y papas. Catholic Encyclopedia, Cayo y Sóter, Santos y Papas (1913). 2 3 4 5 6 7 8
  2. B22 de abril, Papa Benedicto XIV. El Martyrologio Romano, 22 de abril (1749). 2 3 4
  3. San Sóter, virgen y mártir (d.C. 304), Alban Butler. Vidas de los Santos de Butler: Volumen I, 308 (1990).
  4. Disciplina eclesiástica. Catholic Encyclopedia, Disciplina Eclesiástica (1913).
  5. S. Hygius, Sanctorum Romanorum Pontificum. Magnum Bullarium Romanum: Tomo I, 38 (1857). 2
  6. Iglesias apostólicas. Catholic Encyclopedia, Iglesias Apostólicas (1913). 2
  7. La Sede apostólica. Catholic Encyclopedia, La Sede Apostólica (1913).
  8. Capítulo 1 - Sinodalidad en la Escritura, en la tradición y en la historia - 1.2 el testimonio de los padres y la tradición en el primer milenio, Comisión Teológica Internacional. Sinodalidad en la vida y misión de la Iglesia, 26 (2018).
  9. El sacramento de la penitencia. Catholic Encyclopedia, El Sacramento de la Penitencia (1913).
  10. Instituto Pontificio Litúrgico. Manual de Estudios Litúrgicos: La Eucaristía (Volumen IV), 111 (1999).
  11. B2 Corintios 7:8-9, Juan Crisóstomo. Homilía 15 sobre 2 Corintios 7:8-13, 1.
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