Pobreza
Teófilo vivió la pobreza franciscana con especial radicalidad. Prefería alimentos sencillos, vestía con sobriedad y aceptaba prendas gastadas. En ocasiones solicitaba limosnas para sostener a la comunidad que tenía encomendada. Su pobreza no pretendía cultivar una imagen de austeridad, sino imitar a Cristo pobre y depender de la providencia con libertad interior.
Obediencia
Su obediencia fue pronta y concreta. Acogía las decisiones de los superiores sin anteponer sus proyectos personales. Aceptó desplazamientos, cargos y misiones que exigían abandonar lugares donde había desarrollado una intensa labor apostólica.
Esta obediencia también le permitió comprender la reforma como un servicio eclesial. Teófilo no quiso fundar una espiritualidad privada ni actuar al margen de la Orden; trabajó dentro de la obediencia franciscana y en comunión con la autoridad de la Iglesia.
Caridad
La caridad ocupó un lugar central en su vida. Visitaba a los enfermos, acompañaba a los moribundos, socorría a los pobres y consolaba a las personas afligidas. También intervenía para resolver conflictos y ofrecer consejo en situaciones difíciles.
Su penitencia no lo apartó de las necesidades humanas. Al contrario, el recogimiento de los retiros alimentó una caridad más activa y perseverante. Su vida muestra la unión franciscana entre contemplación, fraternidad y servicio.
Devoción a Cristo y a María
La espiritualidad de Teófilo se centró en la Pasión de Jesucristo. Contemplaba el sufrimiento redentor del Señor como fuente de conversión, humildad y amor. Esta devoción inspiraba su predicación y su vida penitente.
Junto a la devoción cristológica ocupó un lugar destacado su amor a la Virgen María. La invocaba como madre y procuraba inculcar entre los religiosos y los fieles una piedad mariana unida a la imitación de sus virtudes. El testimonio pontificio de su canonización recuerda expresamente su particular veneración por la Madre de Dios.