Tito fue uno de los discípulos más queridos y fiables de San Pablo, a quien acompañó en varias de sus expediciones apostólicas1. Aunque no se le menciona en los Hechos de los Apóstoles, las cartas de San Pablo proporcionan información valiosa sobre su ministerio2,3,1. Se le describe como un «verdadero hijo en una fe común» por San Pablo, lo que indica una profunda relación espiritual y una confianza considerable3,4.
San Pablo confió a Tito importantes misiones. Una de ellas fue en Corinto, donde se le envió para ayudar a la comunidad a volver a la obediencia después de la partida de Timoteo3. Tito logró restaurar la paz entre la Iglesia de Corinto y el Apóstol, lo que llevó a gran consuelo y alegría a San Pablo3. Más tarde, San Pablo también lo envió desde Corinto para organizar las colectas finales para los cristianos de Jerusalén, llamándolo «mi compañero y colaborador en vuestro servicio»3.

