Compañero de san Pablo
San Pablo llevó a Tito consigo a Jerusalén, junto con Bernabé, en un momento decisivo para la expansión del cristianismo entre los gentiles:
«Después, al cabo de catorce años, subí de nuevo a Jerusalén con Bernabé, llevando también conmigo a Tito».
La presencia de Tito tuvo un valor particularmente significativo porque él era un creyente procedente del paganismo. La comunidad apostólica no le impuso la circuncisión, a pesar de la presión de algunos cristianos que pretendían exigir a los convertidos de origen pagano la observancia de las prescripciones rituales de la Ley mosaica. San Juan Crisóstomo interpreta este episodio como una confirmación pública de que los apóstoles aceptaban la enseñanza de san Pablo sobre la libertad de los gentiles respecto de la circuncisión.
Santo Tomás de Aquino considera que Pablo llevó a Tito como testigo de su predicación y como prueba de que el Evangelio no pertenecía exclusivamente a los cristianos procedentes del judaísmo. Bernabé representaba el origen judío, mientras que Tito representaba a los creyentes procedentes de las naciones.
Misión en Corinto
Las cartas de san Pablo a los Corintios presentan a Tito como un colaborador de gran confianza. Pablo lo envió a Corinto para ayudar a resolver las tensiones existentes entre la comunidad y el Apóstol. Tito llevó noticias sobre la reacción de los corintios y transmitió a Pablo el arrepentimiento y el afecto renovado de la comunidad.
La llegada de Tito produjo consuelo al Apóstol. Pablo agradece a Dios «la venida de Tito» y la alegría que experimentó al conocer el deseo de los corintios de corregir su conducta y restablecer la comunión.
Tito también recibió el encargo de organizar la colecta destinada a los cristianos pobres de Jerusalén. San Pablo lo presenta como su compañero y colaborador en este servicio eclesial. La misión no consistía únicamente en administrar dinero: expresaba la solidaridad entre comunidades cristianas de distinto origen y manifestaba la unidad de la Iglesia.
Responsable de la Iglesia de Creta
La Carta a Tito comienza con una instrucción precisa:
«Por esto te dejé en Creta: para que pusieras en orden lo que faltaba y establecieras presbíteros en cada ciudad, según te ordené». (Tit 1,5)
El texto atribuye a Tito una función de organización y gobierno pastoral en las comunidades de la isla. Pablo le encarga instituir presbíteros, corregir abusos doctrinales y orientar la vida cristiana de los fieles. La misma carta expone las cualidades exigidas a quienes ejercen el ministerio pastoral, entre ellas la integridad moral, la hospitalidad, la capacidad de enseñar y la fidelidad a la doctrina recibida.
San Juan Crisóstomo considera que la amplitud de esta misión demuestra la confianza excepcional que Pablo tenía en Tito. El Apóstol no le habría confiado la ordenación de responsables para las diversas ciudades de Creta si no lo hubiera considerado un discípulo probado y capaz de afrontar situaciones difíciles.