Infancia y formación
Toribio Alfonso de Mogrovejo nació en Mayorga, en el antiguo Reino de León, en 1538, dentro de una familia noble. Recibió una educación esmerada y estudió Derecho, hasta convertirse en profesor de leyes en la Universidad de Salamanca. Su preparación jurídica contribuyó a formar en él un sentido particularmente firme de la justicia, la responsabilidad institucional y el cumplimiento de las normas eclesiásticas.
Felipe II lo nombró inquisidor mayor de Granada, aunque todavía no pertenecía al estado clerical. La elección de un laico con experiencia jurídica para una sede episcopal americana reflejaba las necesidades de una Iglesia que debía organizar diócesis extensísimas, formar un clero estable y afrontar conflictos entre los intereses de la Corona, los colonizadores, las autoridades locales y los pueblos originarios.
Toribio recibió las órdenes sagradas en 1578 y fue consagrado obispo dos años después. Poco tiempo más tarde recibió el nombramiento como segundo arzobispo de Lima. Llegó a Payta, en la costa peruana, el 24 de mayo de 1581 y emprendió el camino hacia Lima con una actitud que marcaría todo su episcopado: antes que instalarse en la comodidad de la sede, quiso conocer directamente a las comunidades confiadas a su cuidado.1
La Iglesia de Lima en el siglo XVI
El arzobispado de Lima poseía una extensión extraordinaria. Abarcaba territorios que hoy corresponden a varios países sudamericanos, desde zonas próximas a Nicaragua hasta regiones del actual Chile y amplias áreas del interior del continente. Las distancias, las montañas, los desiertos, los ríos y la precariedad de las comunicaciones dificultaban enormemente la acción pastoral y el gobierno ordinario de la diócesis.2
La evangelización se desarrollaba, además, en un contexto marcado por la conquista española y por profundas desigualdades sociales. Numerosos colonizadores y funcionarios sometían a los indígenas a trabajos abusivos, extorsiones y distintas formas de violencia. También existían graves deficiencias en la vida del clero: algunos sacerdotes descuidaban sus obligaciones pastorales o participaban en comportamientos incompatibles con su ministerio. La primera tarea de Toribio consistió en restaurar la disciplina eclesiástica y proteger a los más vulnerables.3




