Turibio Alfonso de Mogrovejo nació el 16 de marzo de 1538 en Mayorga, una localidad cercana a Valladolid, en el Reino de Castilla. Provenía de una familia noble y piadosa, los Mogrovejo, que le inculcó desde la infancia una profunda formación cristiana. Aunque mostró tempranas inclinaciones religiosas, optó por estudios seculares y se destacó como jurista brillante.2,3,4
Ingresó en la Universidad de Salamanca, donde obtuvo el doctorado en derecho canónico y civil. Su erudición le valió la cátedra de leyes en esta prestigiosa institución. Posteriormente, atrajo la atención del rey Felipe II, quien lo nombró gran prior del convento de las Agustinas de Granada y, poco después, inquisidor general de ese tribunal eclesiástico. En este cargo, demostró integridad y un espíritu misionero que impresionó a la Corona española.2,3,4
A pesar de su éxito profesional como laico, Turibio vivía con austeridad: rezaba diariamente, practicaba la mortificación y atendía a los pobres de forma discreta, respetando su dignidad para no herir su orgullo.2
