Un obispo reformador
Como obispo, Ubaldo mantuvo los rasgos que habían caracterizado su vida canonical: austeridad, humildad, paciencia y cercanía a los pobres. La tradición lo presenta como un pastor entregado tanto a las necesidades espirituales como a las dificultades concretas de la población.
Su ministerio combinó la reforma interna de la Iglesia con la defensa de la ciudad. En una sociedad medieval donde el obispo podía desempeñar funciones religiosas, sociales y diplomáticas, Ubaldo entendió la autoridad episcopal como un servicio orientado a la paz y al bien común.
Mansedumbre y perdón
Una de las narraciones más conocidas cuenta que unos trabajadores dañaron las viñas del obispo durante la reparación de las murallas de Gubbio. Cuando Ubaldo les llamó la atención, el capataz reaccionó con violencia y lo empujó hasta hacerlo caer en un depósito de mortero.
Los ciudadanos quisieron castigar severamente al responsable. Ubaldo acudió al tribunal y pidió que el asunto quedara bajo su jurisdicción episcopal. Después solicitó al agresor el beso de la paz, rezó por su perdón y ordenó que lo dejaran libre. La historia, transmitida por la tradición hagiográfica, expresa la virtud que más caracteriza el retrato espiritual del santo: la mansedumbre unida a la autoridad.
El episodio no pretende presentar la indulgencia como indiferencia ante la injusticia. Ubaldo no negó el daño cometido, pero respondió a la violencia con reconciliación y evitó que la indignación colectiva produjera una pena desproporcionada.
Defensa de Gubbio
La tradición atribuye a Ubaldo una intervención decisiva para proteger Gubbio de la amenaza imperial. Durante las campañas italianas de Federico Barbarroja, el emperador había saqueado Spoleto y amenazaba con someter también Gubbio. Ubaldo salió a su encuentro y logró apartarlo de su propósito.
La documentación hagiográfica presenta este episodio como una muestra de la autoridad moral del obispo. El santo no aparece como un jefe militar, sino como un mediador capaz de utilizar su prestigio pastoral para proteger a la población y evitar la destrucción de la ciudad.
La historia de Gubbio recuerda asimismo que, en 1151, la ciudad venció a Perugia y a otras localidades vecinas, y atribuye a Ubaldo la dirección de aquella campaña. Este dato pertenece a la historia política de Gubbio y debe distinguirse de las narraciones estrictamente espirituales de su vida.