San Urbano I fue obispo de Roma desde el año 222 hasta el 230 d.C.1. Nació en Roma, hijo de un hombre llamado Pontianus1. Su pontificado se desarrolló en un período de relativa paz para los cristianos, bajo el reinado del emperador Alejandro Severo, quien mostró una actitud favorable hacia el cristianismo1. El emperador incluso intervino en una disputa legal a favor de los cristianos romanos, permitiéndoles construir una iglesia en un terreno que también reclamaban los taberneros, declarando que era mejor que Dios fuera adorado en ese lugar1.
Durante su tiempo como Papa, las comunidades cristianas de Roma experimentaron un crecimiento significativo, evidenciado por la expansión de varias catacumbas romanas en la primera mitad del siglo III1. A pesar de esta paz general, la Iglesia romana continuó lidiando con el cisma liderado por Hipólito, quien había criticado severamente al predecesor de Urbano, Calixto I1. Urbano I mantuvo la misma postura que su predecesor frente a esta facción cismática1.
Martirio y Legado
Aunque el Liber Pontificalis afirma que Urbano I fue un confesor durante el reinado de Diocleciano, esta fecha carece de autoridad histórica1. Las circunstancias exactas de su muerte son desconocidas, pero se cree que falleció de forma natural, dado el período de paz que prevaleció durante su pontificado1. Sin embargo, el Martirologio Romano lo conmemora como «Papa y Mártir», indicando que sufrió mucho por la Iglesia de Dios durante la persecución de Alejandro Severo y fue decapitado2. Esta información, incluyendo la referencia a Tiburcio y Valeriano, se deriva de las Actas de Santa Cecilia, las cuales son consideradas legendarias y carecen de valor histórico1,2.
Es importante destacar que el Papa Urbano I no fue enterrado en la Via Nomentana, como sugieren algunas leyendas, sino en el cementerio de San Calixto, en la Via Appia, donde se encontró una parte de su losa sepulcral con su nombre2. La confusión sobre su lugar de entierro y su martirio puede deberse a la existencia de otro mártir llamado Urbano, enterrado en el cementerio de Praetextatus, cerca del de San Calixto2. Esta confusión llevó a la creación de la iglesia de San Urbano alla Caffarella a partir de un antiguo edificio junto a las catacumbas de Praetextatus2.
El Liber Pontificalis también atribuye a Urbano la conversión de muchas personas a través de sus sermones, basándose en las Actas de Santa Cecilia1. Otra afirmación, que Urbano ordenó la fabricación de vasos litúrgicos de plata, es considerada una invención de un editor posterior del siglo VI, quien arbitrariamente le atribuyó la creación de ciertos vasos para veinticinco iglesias titulares de su época1.

