Valerio en la memoria de los mártires
Otra figura que el nombre «San Valero» puede evocar en España es Valerio, obispo de Zaragoza. Un relato eclesiástico vincula la presencia de mártires cristianos en la región valentina con el trasfondo de persecuciones en tiempos tardorromanos: al inicio del siglo IV, cuando Daciano interviene en la historia de Hispania, el itinerario que recorre el cristianismo incorpora a Valerio, obispo de Zaragoza, junto con su diácono, Vicente de Huesca, como parte de un conjunto martirial llevado a Valencia.
El mismo contexto presenta el martirio de Vicente de Huesca en Valencia y el arraigo del culto a sus restos: los fieles conservan memoria, construyen un lugar de veneración y recurren a su intercesión. Esta dinámica muestra cómo la Iglesia local integra la memoria de los mártires en la vida litúrgica y devocional.
El marco histórico: Valencia y la difusión de cultos
El relato sobre Valencia sitúa a la ciudad en un escenario de transformaciones políticas y religiosas: tras la antigüedad tardía, la historia de Valencia pasa por fases de ocupación y reconquista, con repercusiones en la vida eclesial. En medio de esos cambios, la memoria martirial conserva continuidad mediante el culto a restos, la construcción de templos y la celebración del recuerdo de santos.
En este marco, Valerio de Zaragoza actúa como figura clave dentro del horizonte de «mártires traídos» o «memorias introducidas» en la vida cristiana valenciana. La presencia de su nombre explica por qué el apelativo popular «San Valero» se asocia, en ciertos lugares, al ámbito aragonés y al recuerdo de los orígenes cristianos.