Origen familiar y formación
Vicente Ferrer nació en Valencia, dentro de una familia cristiana vinculada a la nobleza urbana de la Corona de Aragón. Su padre, Guillermo Ferrer, contrajo matrimonio con Constanza Miguel, perteneciente también a una familia ennoblecida tras la conquista cristiana de Valencia. Vicente fue el cuarto hijo del matrimonio y tuvo entre sus hermanos a Bonifacio Ferrer, que más tarde ingresó en la Cartuja y alcanzó importantes responsabilidades dentro de la orden.1
Desde su infancia recibió una educación religiosa intensa, marcada por la devoción a Jesucristo, a la Virgen María y por la atención a los pobres. Las primeras biografías presentan ya en estos años signos de una futura vocación excepcional; tales relatos pertenecen en parte al género hagiográfico y conviene diferenciarlos de los datos documentales conservados.
Vicente ingresó en la Orden de Predicadores en 1367, cuando tenía aproximadamente diecisiete años. Completó su formación filosófica y teológica en diversos centros dominicanos, entre ellos Barcelona, Lérida y Toulouse. Su capacidad intelectual le permitió ejercer tempranamente la enseñanza: hacia los veinte años ya impartía filosofía en Lérida, uno de los centros universitarios más prestigiosos de la Corona de Aragón.1,3
Profesor y sacerdote
La formación dominicana de Vicente combinó el estudio sistemático de la teología con la predicación y la vida comunitaria. En Barcelona participó en la atención pastoral durante una época de hambre. Una tradición posterior relata que anunció la llegada de barcos cargados de trigo y que estos arribaron aquel mismo día. El episodio pertenece a las narraciones tradicionales sobre su juventud y no posee el mismo grado de certeza histórica que sus cargos docentes, su actividad pública y sus desplazamientos documentados.
En 1377 continuó sus estudios en Toulouse. Más tarde regresó a Valencia, donde enseñó teología en la catedral entre 1385 y 1390. Durante este periodo adquirió una reputación creciente como profesor, director espiritual y predicador. Su pensamiento se desarrolló dentro de la tradición escolástica dominicana, con especial atención a la conversión moral, la penitencia, la escatología -la reflexión sobre el destino último del ser humano- y la responsabilidad social de los cristianos.


