En el calendario hagiográfico católico, la figura de San Víctor de Braga suele identificarse por el lugar de su veneración: Braga, en Portugal. Según la noticia del Martirologio Romano (tal como fue recogida en la edición de Benedicto XIV), en Braga se celebra la memoria del «St. Victor, martyr».1
El mismo texto litúrgico añade un rasgo decisivo de su condición: «aunque sólo era catecúmeno», Víctor rehusó adorar un ídolo y confesó a Jesucristo «con gran constancia», tras lo cual padeció muchos tormentos y fue decapitado.1
