San Wulfrano aparece en la tradición cristiana asociado de manera clara con Fontenelle, donde se dice que volvió después de su actividad misionera y donde murió.1
Los relatos conservados también lo vinculan, según la narración, con personas llegadas desde un contexto monástico oriental: se refiere que «un hombre» que «aún vivía» fue entregado a Wulfrano, quien lo envió a Fontenelle para que allí llegara a ser monje y sacerdote, y más tarde aportara «los detalles» de la misión del santo en Frisia. Este tipo de composición, típica de las vidas de santos, subraya la continuidad entre el entorno monástico y el anuncio del Evangelio.1
Nombre y forma de la veneración
En el ámbito de las fuentes antiguas y su transmisión, la forma del nombre puede variar por la tradición manuscrita y por la edición de los textos. En lo que aquí se refleja, lo esencial es que Wulfrano es presentado como un misionero con una acción reconocible en Frisia y como un santo cuyos restos fueron objeto de veneración.1
