El territorio frisón
Frisia ocupaba la costa del mar del Norte y comprendía regiones que hoy pertenecen principalmente a los Países Bajos, Alemania y parte de Dinamarca. El territorio estaba formado por comunidades locales con estructuras políticas variables. Las zonas costeras, las islas y los cursos fluviales dificultaban la comunicación y favorecían una organización fragmentada.
La población frisona conservaba cultos paganos relacionados con divinidades, lugares sagrados, fuentes, árboles y prácticas sacrificiales. La cristianización avanzaba de manera desigual: algunas zonas habían quedado bajo influencia franca, mientras otras mantenían su independencia política y religiosa.
Los reyes francos y la expansión cristiana
La misión cristiana en Frisia estuvo estrechamente ligada a la expansión del poder franco. Pipino de Heristal, mayordomo de palacio y principal dirigente de los francos, conquistó sectores de la Frisia meridional y favoreció la predicación de misioneros procedentes de Inglaterra e Irlanda. La alianza entre autoridad política y misión religiosa no respondía únicamente a intereses espirituales: el dominio franco necesitaba consolidar sus fronteras y crear estructuras estables de gobierno.
San Willibrordo llegó a Frisia hacia 690 con varios compañeros y recibió apoyo de Pipino para predicar en las regiones sometidas al poder franco. Más tarde obtuvo autorización pontificia y fue consagrado obispo de los frisones. Utrecht se convirtió en el centro de su misión, mientras que la abadía de Echternach proporcionó formación, recursos y nuevos evangelizadores.,
Wulfrano actuó dentro de este contexto, aunque su misión no alcanzó la misma documentación que la actividad de Willibrordo. La evangelización avanzaba con mayor facilidad en los territorios controlados por los francos y encontraba una oposición mucho más fuerte en las regiones sometidas a los dirigentes frisones independientes.
La resistencia de Radbod
El principal adversario político de la expansión franca en Frisia fue Radbod, rey de los frisones. Su autoridad representaba tanto la resistencia a la dominación franca como la defensa de las tradiciones religiosas locales. Las campañas francas y la predicación cristiana aparecían vinculadas, de modo que la aceptación del cristianismo podía interpretarse también como una aproximación al poder extranjero.
La resistencia pagana no consistía únicamente en debates religiosos. En distintos momentos provocó la destrucción de iglesias, la expulsión de misioneros y el retorno a los antiguos santuarios. La experiencia posterior de Willibrordo confirma la inestabilidad de la misión: cuando Radbod recuperó el control de Frisia, destruyó iglesias y obligó a numerosos misioneros a abandonar la región.
Este contexto permite comprender la tradición que presenta a Wulfrano intentando convertir a Radbod. El relato expresa el enfrentamiento entre el Evangelio y la religión tradicional, pero también refleja la tensión entre el reino franco y la soberanía frisona.