La Iglesia Católica reconoce dos tipos principales de sanación: la sanación por gracia divina y la sanación que utiliza los poderes de la naturaleza1. Ambas no son mutuamente excluyentes; el hecho de que Dios pueda sanar por medios sobrenaturales no significa que debamos ignorar los medios naturales a nuestra disposición2. De hecho, la caridad cristiana exige que no descuidemos los medios naturales para curar a los enfermos2. La Iglesia tiene una larga historia de cuidado de los enfermos a través de medios naturales, evidente en el gran número de hospitales católicos en todo el mundo1.
Sanación por Gracia Divina
La sanación por gracia divina es un don de Dios que no está a disposición humana2. El Espíritu Santo a veces concede a ciertas personas «un carisma especial de curación para manifestar el poder de la gracia del Señor resucitado»3,2. Sin embargo, incluso las oraciones más intensas no siempre obtienen la curación de todas las enfermedades3,2. San Pablo mismo aprendió del Señor que «mi gracia te basta, porque mi fuerza se perfecciona en la debilidad»3.
Desde los tiempos apostólicos, la Iglesia ha intercedido por los enfermos invocando el nombre del Señor Jesús, pidiendo la curación a través del poder del Espíritu Santo1. Esto se manifiesta en la imposición de manos sacramental, la unción con óleo, o simples oraciones por la sanación, que a menudo incluyen la intercesión de los santos1. Jesús mismo asoció a sus apóstoles con su poder para sanar a los enfermos y señaló las curaciones que realizarían como una de las señales de la verdad de la predicación evangélica4. Los Hechos de los Apóstoles dan testimonio de numerosas curaciones milagrosas en los primeros tiempos de la Iglesia4.
Sanación a través de Medios Naturales
La Iglesia nunca ha considerado que la súplica por la sanación divina excluya el recurso a los medios naturales de curación a través de la práctica de la medicina1. El uso de medios naturales es completamente apropiado, ya que están a disposición humana2.

