La expresión latina
El título Sanctorum Mater procede del latín y significa literalmente «Madre de los santos». La expresión presenta a la Iglesia como madre que conserva la memoria de quienes han vivido de modo ejemplar el seguimiento de Cristo y los propone a los fieles como modelos de santidad.2
El título no designa primariamente una advocación mariana ni un tratado sobre la mediación de la Virgen María. En el contexto de la instrucción, Mater se refiere a la Iglesia, que engendra, acompaña, discierne y propone oficialmente el testimonio de sus hijos santos. La fórmula posee, por tanto, un sentido eclesial y pastoral antes que devocional.
Raíz patrística del lenguaje de la maternidad
La tradición patrística contempla a la Iglesia como madre de los creyentes y relaciona la maternidad eclesial con la acción salvadora de Cristo. La reflexión antigua sobre María contribuyó decisivamente a este lenguaje, porque los Padres vincularon la maternidad de la Virgen con el nacimiento de la vida nueva en Cristo y con la regeneración espiritual de los hombres.
San Ireneo de Lyon afirmó que María «se convirtió en causa de salvación para todo el género humano» y relacionó el seno virginal con la regeneración de los hombres en Dios. San Ambrosio de Milán expresó una idea semejante al afirmar que una virgen engendró la salvación del mundo y dio vida a todas las cosas. Otros autores antiguos llamaron a María «Madre de la salvación».3
Estas formulaciones no deben atribuirse indistintamente a todos los Padres ni interpretarse como si hubieran elaborado ya una doctrina sistemática idéntica a la teología posterior. La tradición patrística utiliza imágenes diversas -Eva nueva, Madre de la vida, Madre de la salvación, Virgen obediente- dentro de la reflexión sobre la Encarnación y la obra redentora de Cristo.
La instrucción Sanctorum Mater recibe este horizonte eclesial: la Iglesia, madre de los fieles, custodia la memoria de la santidad y ejerce un discernimiento institucional acerca de quienes pueden ser propuestos como beatos o santos. No convierte la santidad en una simple distinción honorífica, sino que la presenta como una realidad vinculada a la sequela Christi, es decir, al seguimiento de Cristo.2

