Normas universales y costumbres locales
La campana y las posturas corporales requieren una distinción cuidadosa entre norma litúrgica universal, costumbre legítima y práctica histórica.
La Ordenación General del Misal Romano contempla que, poco antes de la consagración, un ministro pueda tocar una campanilla como señal para los fieles. También admite que, conforme a la costumbre local, vuelva a tocarla cuando el sacerdote muestra la hostia y el cáliz después de la consagración.
Esta disposición no convierte toda costumbre antigua en una obligación universal. Tampoco permite introducir cualquier gesto por iniciativa privada. Las posturas, los movimientos y los signos deben respetar el Misal, la tradición legítima del rito romano y las normas de la autoridad competente, evitando que las preferencias particulares alteren la celebración.
La campana en el Sanctus
En diversos lugares existe la costumbre de tocar la campanilla durante el Sanctus, normalmente al comienzo de la aclamación. Históricamente, este toque podía advertir a los fieles que comenzaba la parte central de la plegaria eucarística y que la consagración se aproximaba. La costumbre adquirió especial desarrollo en la Edad Media, en relación con el toque de la campana durante la elevación.
Sin embargo, la práctica no ha tenido siempre el mismo alcance en todos los territorios. La tradición romana, por ejemplo, conoció celebraciones solemnes en las que no se tocaba la campana durante el Sanctus, mientras que otras iglesias conservaron el uso de la campanilla. La historia litúrgica demuestra, por tanto, una diversidad real de usos locales.
En la disciplina actual, la campana adquiere su función más claramente reconocida poco antes de la consagración y durante la mostración de las especies consagradas, siempre conforme a la costumbre legítima. El toque en el Sanctus puede formar parte de una costumbre local, pero no debe presentarse como una norma universal obligatoria para todas las misas y todos los lugares.
La postura de la asamblea
La postura durante el Sanctus puede variar según el uso litúrgico legítimo de cada conferencia episcopal, diócesis o forma de celebración. En determinadas tradiciones, la asamblea se arrodilla durante el himno; en otras, permanece de pie hasta el momento establecido para arrodillarse durante la plegaria eucarística.
Ninguna postura aislada contiene por sí sola toda la teología del Sanctus. La actitud corporal debe expresar reverencia, unidad y participación. La norma litúrgica concreta prevalece sobre la preferencia personal, y la diversidad disciplinar no debe convertirse en motivo de juicio contra quienes participan conforme a otra costumbre legítima.