El Sanedrín desempeñó un papel central en la condena de Jesús. Los evangelios muestran que las autoridades religiosas de Jerusalén no estaban unánimes en su postura hacia Jesús. Los fariseos llegaron a amenazar con excomulgar a sus seguidores. El sumo sacerdote Caifás, temiendo que la creciente popularidad de Jesús provocara una intervención romana que destruyera la nación y el Templo, profetizó: «Es conveniente para vosotros que un solo hombre muera por el pueblo, y que no perezca toda la nación» (Juan 11:48-50).
El arresto de Jesús fue el resultado de un largo proceso, impulsado por los «sumos sacerdotes, escribas y ancianos», los tres componentes del Sanedrín. El Sanedrín buscó activamente testimonios contra Jesús para condenarlo a muerte, aunque al principio no encontraron ninguno consistente, ya que muchos dieron falso testimonio que no concordaba.
La acusación principal contra Jesús por parte del Sanedrín fue la blasfemia. Cuando el sumo sacerdote le preguntó directamente si era el Mesías, el Hijo de Dios (Mateo 26:63-64; Marcos 14:61-62; Lucas 22:70), Jesús respondió afirmativamente: «Tú lo has dicho» o «Yo soy»,,,. El sumo sacerdote rasgó sus vestiduras y declaró que Jesús había blasfemado, sentenciando que «merece la muerte»,,. Para los custodios del monoteísmo del Antiguo Testamento, declararse Hijo de Dios era considerado «hacerse Dios» (Juan 10:33) y, por tanto, una blasfemia digna de la pena capital según la ley antigua (Levítico 24:16).
Pérdida del Derecho a Ejecutar Sentencias de Muerte
Un punto crucial en el juicio de Jesús es la cuestión de si el Sanedrín tenía o no el derecho de ejecutar sentencias de muerte en ese momento. La declaración de los judíos: «A nosotros no nos está permitido dar muerte a nadie» (Juan 18:31), junto con testimonios de Josefo y el Talmud de Jerusalén, sugiere que su poder había sido restringido por los romanos,. Aunque hay casos registrados de lapidaciones o ejecuciones por el Sanedrín (como la de San Esteban en Hechos 7), estos podrían atribuirse a estallidos de pasión popular o a una interpretación de que los romanos nunca privaron completamente al Sanedrín de su autoridad, sino que este último, para evitar conflictos políticos, cedió la aprobación de las sentencias capitales a los romanos. La opinión más aceptada entre los estudiosos es que la autoridad del Sanedrín para ejecutar la pena capital estaba de hecho limitada.
Entrega a Pilato
Habiendo declarado a Jesús merecedor de muerte por blasfemia, pero sin poder ejecutar la sentencia, el Sanedrín lo entregó a la autoridad romana,. Ante Pilato, las acusaciones cambiaron a un carácter político, presentándolo como un agitador que se proclamaba «rey de los judíos» y que incitaba a la revuelta contra el César,. Esta acusación lo colocó en la misma categoría que Barrabás, quien había sido acusado de sedición.
Pilato, convencido de la inocencia de Jesús, intentó resistir las presiones del Sanedrín,. Sin embargo, ante las amenazas políticas de los sumos sacerdotes de que si liberaba a Jesús no sería «amigo del César» (Juan 19:12), y el temor a una revuelta popular, Pilato finalmente cedió,. A pesar de lavarse las manos en señal de inocencia (Mateo 27:24), entregó a Jesús para ser crucificado,.