La hagiografía medieval
La vida de Santa Adelaida llegó a través de relatos de naturaleza diversa. Las narraciones hagiográficas pretendían mostrar la acción de la gracia, la paciencia de la santa y la providencia divina en medio de la persecución. Por ello incorporaban con frecuencia episodios dramáticos, intervenciones providenciales y descripciones ejemplares de virtudes.
La fuga de Garda, las escenas de cautiverio y algunos detalles sobre milagros pertenecen a este registro. La Iglesia puede conservar el valor espiritual de un relato sin exigir que cada elemento narrativo posea el mismo grado de certeza histórica. Una lectura crítica permite distinguir el núcleo comprobable de la interpretación edificante elaborada por generaciones posteriores.
Flodoardo de Reims
Flodoardo fue un historiador y canónigo de Reims nacido en 894 y fallecido en 966. Custodió archivos episcopales y redactó anales que cubren los años 919-966. Su obra posee especial valor para la historia de Francia, Lorena y el reino franco oriental, porque narra con precisión acontecimientos contemporáneos.
Flodoardo pudo transmitir información relativa a la primera etapa de la vida pública de Adelaida, especialmente a las luchas políticas entre Borgoña, Italia y Germania. Sin embargo, murió cuando Adelaida todavía vivía y antes de su regencia. Por ello, su testimonio resulta relevante para el contexto y para los primeros episodios de su vida, pero no puede servir como fuente directa para los acontecimientos posteriores a 966.
Tietmaro de Merseburgo
Tietmaro, también llamado Dithmar, nació en 975 y murió en 1018. Fue obispo de Merseburgo y perteneció al entorno de la familia imperial sajona. Su Crónica abarca los reinados de Enrique I, los tres Otones y Enrique II. El autor conoció de cerca los acontecimientos de la corte y participó en asuntos políticos de su tiempo.
Su obra aporta información especialmente valiosa sobre Otón III y sobre la situación política y religiosa de los territorios orientales del Imperio. Tietmaro escribió después de la muerte de Adelaida, pero dentro de la generación que conservaba memoria directa de ella. Su testimonio ayuda a contrastar la imagen idealizada de la hagiografía con la complejidad de la política otoniana.
Odilón de Cluny
La principal biografía espiritual de Adelaida fue redactada por san Odilón de Cluny. Esta obra ofrece el retrato de una viuda santa, caritativa, reconciliadora y protectora de monasterios. Su importancia no reside únicamente en los datos políticos, sino también en la interpretación cristiana de la vida de la emperatriz.
El historiador debe leer a Odilón con atención al género literario. La biografía no funciona como una crónica moderna, pero conserva tradiciones tempranas sobre las fundaciones, las relaciones con Cluny y las virtudes de Adelaida. La comparación con los anales y crónicas permite separar mejor los hechos documentados de los elementos simbólicos.