La figura de Santa Agripina aparece en el marco de la veneración de las vírgenes mártires de los primeros siglos cristianos. Según la tradición transmitida, fue una virgen martirizada (a la que se atribuye alta veneración en Sicilia y, en menor medida, en Grecia) y cuya muerte se habría producido en Roma durante una persecución imperial.1
No obstante, la información disponible sobre «la historia verdadera» es limitada. En particular, se indica que no se conoce con seguridad su verdadera trayectoria histórica, y que los relatos que circulan en las Menaia griegas (fuentes litúrgicas y hagiográficas del Oriente) son considerados poco fiables. A ello se añade que no se aporta evidencia de un culto antiguo claramente documentado para épocas tempranas.1

