Origen y familia
Los relatos medievales presentan a Bárbara como hija de Dioscoro, un hombre pagano de elevada posición social. Su padre, preocupado por protegerla y apartarla de quienes pretendían casarse con ella, la habría encerrado en una torre. La torre aparece así como el escenario principal de su juventud y como uno de los atributos permanentes de su iconografía.
La narración describe a Dioscoro como un hombre vinculado al culto de los ídolos. Bárbara, en cambio, habría llegado al conocimiento de la fe cristiana mediante la reflexión sobre la creación y el contacto con cristianos. La tradición la presenta como una joven que rechazó los matrimonios que su padre proyectaba para ella porque deseaba consagrar enteramente su vida a Dios.
Las tres ventanas
Uno de los episodios más conocidos de la leyenda cuenta que Dioscoro ordenó construir o ampliar una casa de baños junto a la torre. Durante su ausencia, Bárbara pidió a los trabajadores que abrieran tres ventanas en lugar de las dos previstas.
Cuando su padre regresó, preguntó por qué habían añadido aquella tercera abertura. Bárbara respondió que las tres ventanas representaban al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, tres Personas y un solo Dios. La escena funciona como una explicación simbólica del misterio de la Trinidad y como una manifestación pública de la fe cristiana de la joven.
La tradición relacionó posteriormente las tres ventanas con la imagen de la torre que aparece en numerosas representaciones de la santa. En el arte cristiano, la torre no simboliza solo el encierro físico: también representa la fortaleza interior, la perseverancia y la defensa de la fe ante la presión de un ambiente hostil.
Conversión y bautismo
Los relatos medievales narran que Bárbara recibió el bautismo de manos de un cristiano y que comenzó a vivir de acuerdo con el Evangelio. Algunas versiones atribuyen su conversión a la instrucción de un sacerdote o de un catequista que habría visitado la región. La tradición también la presenta entregada a la oración, a la virginidad consagrada y al rechazo de la idolatría.
La historicidad precisa de estos episodios no puede establecerse con seguridad. La tradición, sin embargo, los conservó porque expresan temas centrales de la espiritualidad martirial: la búsqueda de la verdad, la adhesión personal a Cristo y la fidelidad a la conciencia cristiana.
Denuncia y martirio
Dioscoro habría descubierto la conversión de su hija y, enfurecido, la habría denunciado ante las autoridades. La narración describe diversos interrogatorios, golpes y torturas. Bárbara habría rechazado ofrecer sacrificios a los dioses paganos y habría proclamado su fe en Jesucristo.
El juez ordenó finalmente su ejecución. La tradición afirma que el propio Dioscoro recibió autorización para darle muerte y que la decapitó. Después del martirio de su hija, un rayo habría alcanzado al padre y lo habría matado. Este último episodio explica la relación simbólica de Santa Bárbara con los rayos, las tormentas y la muerte repentina.
Algunas versiones incluyen también a Santa Juliana, compañera de prisión y de martirio. La tradición medieval relata que ambas fueron sepultadas por un cristiano llamado Valentín y que junto a sus cuerpos ocurrieron curaciones y otros prodigios atribuidos a su intercesión.