La primera referencia documentada: el Liber Pontificalis
La referencia más temprana a Santa Bibiana en una autoridad histórica reconocida se encuentra en el Liber Pontificalis. Allí se indica que el papa Simplicio (468-483) consagró una basílica del mártir Bibiana, que contenía su cuerpo, cerca del palatium Licin (i)anum. Este dato es significativo porque sitúa el culto de Bibiana dentro de la vida eclesial romana al menos desde el siglo V, cuando los restos de la santa ya estarían venerados dentro de la ciudad.1
Ausencia de noticias históricas adicionales
Aunque el dato del Liber Pontificalis atestigua la existencia del culto y la conservación de reliquias, no se conocen por el mismo nivel de certeza histórica los pormenores del martirio ni las circunstancias de su muerte. La fuente enciclopédica católica subraya expresamente que no hay más detalles históricos fiables acerca de su padecimiento o del motivo de su sepultura intramuros.1
La «leyenda» tardía y su función explicativa
Con el paso del tiempo, se difundió una narración hagiográfica que habría crecido a partir de materiales literarios y de tradiciones anteriores vinculadas a otros relatos martiriales. La enciclopedia católica resume el juicio histórico con claridad: la tradición posterior sobre Bibiana surge más tarde y no tiene derecho a ser considerada históricamente verdadera en sentido estricto, aunque sirva para explicar el origen del lugar de culto y la presencia de cuerpos venerados.1
Esta misma perspectiva aparece en el relato hagiográfico: se señala que las «noticias» y las lecciones litúrgicas tomadas de los libros oficiales de la Iglesia descansan en una compilación legendaria tardía y poco fiable, especialmente en lo relativo a la época del sufrimiento y a las circunstancias del proceso.2
