Orígenes y vida en la corte musulmana
Casilda nació en Toledo durante el siglo XI, en el seno de una familia noble musulmana. Según las tradiciones hagiográficas, era hija de un emir o rey moro de la ciudad, en un período de dominio islámico en la península ibérica marcado por tensiones religiosas pero también por momentos de tolerancia. Toledo, como capital cultural y política, era un crisol de culturas donde cristianos, musulmanes y judíos convivían, aunque bajo la supremacía islámica.
Desde joven, Casilda mostró un espíritu compasivo que trascendía las barreras religiosas. La tradición cuenta que, al enterarse del sufrimiento de los prisioneros cristianos encarcelados en la ciudad, decidió ayudarlos en secreto. Su padre, al descubrir sus acciones, le prohibió llevar comida a los cautivos, temiendo traición o escándalo. Sin embargo, Casilda persistió: en un episodio milagroso, recogió rosas del jardín y, al llevarlas a la prisión, estas se transformaron en panes frescos que nutrieron a los prisioneros. Este relato, símbolo de la providencia divina, subraya su fe incipiente y su caridad, virtudes que la tradición católica asocia con los principios evangélicos de misericordia.
Enfermedad y peregrinación a Burgos
La vida de Casilda dio un giro cuando una grave enfermedad la aquejó, posiblemente relacionada con su delicada salud o con las privaciones de su secreto apostolado. Su padre, deseoso de curarla, le permitió viajar a las fuentes termales de Burgos, en territorio cristiano, con la esperanza de que las aguas medicinales la aliviaran. Este permiso era inusual en el contexto de la época, reflejando el cariño paternal y la permeabilidad cultural entre reinos.
Cerca de Burgos, en un paraje conocido como Briviesca o en las cercanías de las fuentes de San Casilda (hoy asociadas a su nombre), ocurrió su conversión definitiva al cristianismo. Las aguas no solo aliviaron su cuerpo, sino que, según la leyenda, un encuentro espiritual con Cristo o la influencia de monjes locales la llevó a rechazar su fe anterior. Bautizada en secreto, Casilda decidió no regresar a Toledo, optando por una vida de retiro y oración. Este acto de conversión destaca en la historia católica como un ejemplo de gracia divina en medio de conflictos religiosos, recordando las enseñanzas de San Pablo sobre la fe que vence barreras.

