Santa Catalina de Suecia nació alrededor de 1331 o 1332. El relato hagiográfico la sitúa como la cuarta hija de santa Brígida de Suecia y de su esposo, Ulf Gudmarsson. Falleció el 24 de marzo de 1381. En el momento de su muerte, ejercía como superiora y cabeza del convento de Wadstena/Vadstena, fundación vinculada a la obra monástica de su madre. Por eso la tradición conserva también el apelativo Catalina Vastanensis.1
Este periodo de la historia europea -con tensiones políticas y eclesiales- ofrece el marco donde la santidad de Catalina se entiende como vida espiritual encarnada: una mujer que gobierna una comunidad, promueve la causa de canonización de su madre, y se posiciona con firmeza ante el Gran Cisma.1


