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Santa Catalina Labouré

Santa Catalina Labouré (Fain-lès-Moutiers, 2 de mayo de 1806-París, 31 de diciembre de 1876) fue una religiosa francesa de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl. La tradición católica la vincula con las apariciones de la Virgen María que dieron origen a la Medalla Milagrosa. Su vida combinó una intensa devoción mariana y una prolongada labor de servicio a los pobres con una humildad que la llevó a mantener en secreto durante décadas las experiencias que atribuía a la Virgen. La Iglesia católica la beatificó en 1933 y la canonizó en 1947.1,2

Catherine Labouré
Ver información de la imagenSanta Catalina Labouré (1806-1876), visionaria mariana, c. 1850. http://www.stcatherinelaboure.ie/images/St%20Catherine/St_Catherine_2.jpg, Fotógrafo desconocido, Dominio Público. 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreSanta Catalina Labouré
CategoríaSanto
Otros nombres
  • Catalina Labouré
  • Zoé
Fecha de Nacimiento2 de mayo de 1806
Lugar de NacimientoFainlês-Moutiers
Fecha de Muerte31 de diciembre de 1876
Lugar de MuerteParís
NacionalidadFrancesa
SexoFemenino
AparicionesApariciones de la Virgen María en la calle del Bac
Estado de VidaReligiosa
Eventos relacionadosMedalla Milagrosa
Fecha de Beatificación28 de mayo de 1933
Fecha de Canonización27 de julio de 1947
Fecha de Celebración31 de diciembre
Miembro deHijas de la Caridad de San Vicente de Paúl
Personas relacionadas
  • Pío XI
  • Pío XII

Tabla de contenido

Biografía

Infancia y vocación religiosa

Catalina nació en Fain-lès-Moutiers, localidad de Borgoña, en una familia numerosa. En el bautismo recibió el nombre de Catalina, aunque en su entorno familiar la llamaban Zoé. Cuando tenía nueve años murió su madre; poco después, Catalina se encomendó a la Virgen María. Al crecer, asumió responsabilidades en la casa y colaboró en las tareas familiares, mientras mantenía la oración y la práctica religiosa.3,4

Su deseo de ingresar en una comunidad religiosa encontró obstáculos iniciales, entre ellos la oposición de su padre y la necesidad de atender las obligaciones domésticas. Finalmente, en 1830, fue admitida en las Hijas de la Caridad, congregación fundada por san Vicente de Paúl y santa Luisa de Marillac para servir a los pobres y enfermos. Comenzó el noviciado en París el 21 de abril de ese año.5,4

Las experiencias religiosas de 1830

Durante el noviciado, Catalina refirió diversas experiencias místicas. Entre ellas contó una visión del corazón de san Vicente de Paúl y otras relacionadas con la Eucaristía y Cristo. Las experiencias más conocidas son las que atribuyó a la Virgen María en la capilla de la casa madre de las Hijas de la Caridad, en la calle del Bac, en París.1,6

La primera aparición destacada tuvo lugar durante la noche del 18 al 19 de julio de 1830. Catalina relató que María le anunció nuevos encuentros. La experiencia que más influyó en la devoción posterior ocurrió el 27 de noviembre del mismo año. En ella, la Virgen aparecía de pie sobre un globo y ofrecía a Dios otro globo pequeño, símbolo del mundo y de las personas. De sus manos irradiaban haces de luz. La escena llevaba una invocación dirigida a María y, al volverse la imagen, aparecían una letra M coronada por una cruz y los corazones de Jesús y María.1,7

La invocación asociada a la medalla dice: «Oh María, concebida sin pecado, ruega por nosotros que recurrimos a ti». La frase expresa la confianza en la intercesión de María y la referencia a su Inmaculada Concepción, es decir, a la creencia católica de que María fue preservada del pecado original desde el primer instante de su concepción. La experiencia de Catalina precedió a la definición solemne de ese dogma y contribuyó a difundir la devoción a la Inmaculada Concepción.1,8,9

La Medalla Milagrosa

Catalina comunicó a su confesor, el sacerdote vicenciano Jean-Marie Aladel, que la Virgen le había pedido acuñar una medalla con el diseño que había contemplado. Tras examinar el asunto, Aladel obtuvo la autorización del arzobispo de París. El 30 de junio de 1832 salió la primera tirada, de 1.500 medallas. Su difusión fue rápida, y pronto recibió el nombre de Medalla Milagrosa.7,6

En el anverso, la medalla representa a María de pie sobre el globo, con los brazos extendidos y rayos que brotan de sus manos. Alrededor figura la invocación mariana. El reverso muestra la M bajo una cruz, junto con los corazones de Jesús y María: el de Jesús aparece coronado de espinas y el de María, atravesado por una espada. Los elementos reúnen imágenes de la devoción mariana y de la unión de María con la obra redentora de Cristo.7,6

Los católicos llevan la medalla como signo de devoción y confianza en la intercesión de María. Su nombre no significa que el objeto actúe por sí mismo: la medalla remite a la oración y a la gracia de Dios. La conversión de Alfonso Ratisbonne, un judío que pasó a la fe cristiana tras una experiencia religiosa en Roma en 1842, contribuyó a aumentar su fama.1,7

La autoridad eclesiástica de París abrió una investigación sobre las apariciones en 1836. Catalina no compareció ante el tribunal, pues había querido mantener su identidad y sus experiencias en secreto; el proceso concluyó favorablemente respecto a la autenticidad de las apariciones. La difusión de la medalla y la aprobación de la devoción no convierten cada experiencia mística privada en una obligación de fe para todos los católicos.7

Vida de servicio y humildad

Al concluir el noviciado, Catalina fue destinada a la casa de las Hijas de la Caridad en Enghien, en París. Allí desempeñó tareas humildes, entre ellas la portería y el cuidado de las aves, y atendió a los ancianos acogidos en el hospicio. Profesó sus votos el 1 de marzo de 1835 y los renovó anualmente.7,8

La documentación del proceso de beatificación describe una vida de oración, caridad y paciencia. Catalina cuidó durante décadas a ancianos enfermos, incluso cuando su trato resultaba difícil, y procuró cumplir con fidelidad las tareas cotidianas de su comunidad. La importancia que la Iglesia atribuyó a su ejemplo no descansó solo en las visiones, sino también en la práctica constante de las virtudes cristianas.8,9

Catalina habló poco de las apariciones. Durante unos cuarenta y seis años mantuvo el secreto, salvo con su confesor; hacia el final de su vida confió su experiencia también a su superiora. Murió en París el 31 de diciembre de 1876. La noticia de su santidad se extendió ampliamente después de su muerte.7,9,10

Beatificación, canonización y culto

El papa Pío XI beatificó a Catalina Labouré el 28 de mayo de 1933. El papa Pío XII la canonizó el 27 de julio de 1947. Su memoria litúrgica se celebra el 31 de diciembre. La tradición católica la recuerda como religiosa de las Hijas de la Caridad, devota de la Inmaculada y ejemplo de sencillez, caridad y paciencia.1,2

Citas y referencias

  1. Resumen biográfico, El Dicasterio para las Causas de los Santos. Catalina Labouré (1806-1876) - Biografía, 1 (1947). 2 3 4 5 6
  2. Ídem, Santa Sede. Acta Apostolicae Sedis: Número 1, enero, 1947, 33 (1947). 2
  3. Santa Sede. Acta Apostolicae Sedis: Número 13, septiembre, 1933, 14 (1933).
  4. Sagrada Congregación de Ritos, Santa Sede. Acta Apostolicae Sedis: Número 10, septiembre, 1931, 23 (1931). 2
  5. Santa Sede. Acta Apostolicae Sedis: Número 10, septiembre, 1949, 4 (1949).
  6. Medalla milagrosa, Enciclopedia Católica, Medalla Milagrosa (1913). 2 3
  7. Albano Butler. Vidas de los santos de Butler: Volumen IV, 448 (1990). 2 3 4 5 6 7
  8. Santa Sede. Acta Apostolicae Sedis: Número 10, septiembre, 1931, 24 (1931). 2 3
  9. Santa Sede. Acta Apostolicae Sedis: Número 8, mayo, 1933, 24 (1933). 2 3
  10. Santa Sede. Acta Apostolicae Sedis: Número 13, septiembre, 1933, 15 (1933).
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