El marco de las apariciones
Las apariciones se desarrollaron como un ciclo de encuentros en una secuencia temporal reconocida por la tradición y los relatos en torno a Catalina Labouré: varias manifestaciones entre el año 1830 y el siguiente periodo, con una atención especial al momento del 27 de noviembre de 1830.
Según la narración tradicional conservada, la capilla de la Casa Madre en la rue du Bac se convierte en el lugar privilegiado de la intervención mariana. En ese contexto, Catalina recibe mensajes y una misión concreta: dar forma visible al encargo mediante la acuñación de una medalla.
El 27 de noviembre de 1830: el relato central
El testimonio describe que, el 27 de noviembre de 1830, la Virgen apareció a Catalina en dos fases durante el mismo encuentro.
En la primera fase, la Virgen aparece de pie sobre un globo, mientras alrededor se enroscan las espiras de la serpiente. En este momento, la Virgen realiza un gesto de ofrecimiento: «ofrece a Dios otro pequeño globo de oro», que simboliza el mundo y cada alma en particular, y de sus manos «caen» dos haces de luz sobre el globo inferior.
En la segunda fase, el globo pequeño desaparece y las manos de la Virgen se inclinan todavía irradiando haces luminosos, presentados como gracias concedidas por Dios por la intercesión de María. Aparecen entonces, en letras doradas, las palabras de una invocación mariana:
«O María, concebida sin pecado, rogad por nosotros que recurrimos a vos».
A continuación, el relato afirma que se «ve» el reverso de la imagen: la figura de la Virgen se oculta y queda en el centro una letra M, sobre la cual aparece la cruz; y debajo, los corazones de Jesús y de María (en una lectura tradicional relacionada con el amor y el sacrificio). El relato menciona también el adorno con doce estrellas, pero añade una observación importante: en los informes de Catalina no se hablaría de las estrellas ni de su número.
El encargo de una medalla
En el mismo marco de la aparición, se indica que Catalina recibió una orden interior para que se acuñara una medalla que reprodujera la visión. Sin embargo, la ejecución no fue inmediata: los primeros ejemplares se acuñaron el 30 de junio de 1832, tras un proceso de autorización y puesta en marcha.
En un relato paralelo recogido en una obra hagiográfica clásica, se precisa aún más la iconografía del anverso y el reverso. Allí se describe que la imagen «giró» y que en el reverso Catalina vio una M capital con una cruz arriba y dos corazones—uno con espinas (corazón traspasado por espinas) y otro con una herida que se interpreta como respuesta de amor por parte de Cristo, además de la invocación mariana en forma de inscripción.