La información histórica más antigua sobre Santa Cecilia proviene del «Martyrologium Hieronymianum», que indica que su festividad se celebraba en la Iglesia Romana ya en el siglo IV1. Las fechas exactas de su martirio varían, con sugerencias que van desde el año 177 hasta mediados del siglo IV2.
Según los Hechos de su martirio, que surgieron a mediados del siglo V, Cecilia era una virgen de una familia senatorial romana, cristiana desde su infancia1. Fue prometida en matrimonio a un joven pagano noble llamado Valeriano. En el día de su boda, mientras los músicos tocaban, Cecilia se sentó aparte, cantando a Dios en su corazón y orando por ayuda en su situación2,3.
Cuando se retiraron a su habitación nupcial, Cecilia le reveló a Valeriano que tenía un ángel de Dios que custodiaba su virginidad. Le advirtió que si la tocaba como esposa, el ángel se enojaría, pero si respetaba su pureza, el ángel lo amaría como a ella2. Valeriano, deseando ver al ángel, fue enviado por Cecilia a encontrar al obispo Urbano (posiblemente el Papa Urbano I) en la Vía Apia para ser bautizado1,2.
Después de su bautismo, Valeriano regresó y encontró a un ángel junto a Cecilia, quien les colocó a ambos una corona de rosas y lirios en la cabeza2. Tiburcio, el hermano de Valeriano, también se convirtió al cristianismo y, junto con Valeriano, se dedicó a dar limosnas a los pobres y a enterrar los cuerpos de los mártires1,2.
El prefecto Turcio Almachio los condenó a muerte. Máximo, un oficial encargado de ejecutar la sentencia, también se convirtió y sufrió el martirio junto a los dos hermanos. Cecilia enterró sus restos en una tumba común1. Finalmente, Cecilia fue arrestada y, tras sobrevivir a la exposición al fuego, fue decapitada por la espada bajo el emperador Marco Aurelio Severo Alejandro4.
