Clara y sus primeras compañeras se establecieron en la iglesia de San Damiano, donde los Frailes Menores habían organizado un pequeño convento para ellas,. Aquí se formó el núcleo de la nueva orden, conocida como las Damas Pobres o Clarisas,. Clara vivió en este monasterio durante más de 40 años, hasta su muerte en 1253,.
El Carisma de la Pobreza Radical
El rasgo distintivo de la espiritualidad de Clara, y de la orden que fundó, fue la radicalidad de la pobreza, combinada con una total confianza en la Divina Providencia. Al principio, San Francisco les dio una breve «fórmula de vida», que era una dirección para practicar los consejos del Evangelio, enfocándose en «vivir según la perfección del santo Evangelio»,.
Sin embargo, la historia temprana de la orden fue compleja, con tres etapas en la vida de Santa Clara.
La Regla de Ugolino y la Resistencia de Clara
Aparentemente en 1219, durante la ausencia de San Francisco en Oriente, el Cardenal Ugolino (futuro Papa Gregorio IX), protector de la orden, redactó una regla para las Clarisas de Monticelli. Esta regla se basó en la Regla de San Benito, pero incluía constituciones especiales. Aunque estricta en otros aspectos, permitía la posesión de propiedades en común, lo que, en la práctica, convertía a las Clarisas en una congregación de benedictinas.
Clara se opuso valientemente a esta innovación, ya que iba en contra de la intención de San Francisco, quien había prohibido a las Damas Pobres, al igual que a sus frailes, poseer bienes mundanos, incluso en común. Su ideal era vivir en completa dependencia de lo que los Frailes Menores pudieran mendigar para ellas.
El Privilegium Paupertatis
La renuncia completa a toda propiedad era considerada poco práctica para mujeres en clausura por Ugolino. No obstante, Clara persistió en su deseo de pobreza evangélica,. Con gran determinación, obtuvo del Papa Gregorio IX (o posiblemente ya de Inocencio III) el Privilegio de la Pobreza (Privilegium Paupertatis),,. Este privilegio, concedido en 1228, aseguraba que las Clarisas de San Damiano no pudieran ser obligadas a aceptar posesiones,. Fue una excepción extraordinaria al derecho canónico de la época, pero las autoridades eclesiásticas lo permitieron, reconociendo los frutos de santidad evangélica en su modo de vida. Clara llegó a decir: «Necesito ser absuelta de mis pecados, pero no deseo ser absuelta de la obligación de seguir a Jesucristo» cuando el Papa le ofreció dispensarla del voto de estricta pobreza.
La Regla Definitiva de Santa Clara
A lo largo de los años, hubo varias recensiones de la regla. En 1247, Inocencio IV publicó una modificación que acercaba la regla al espíritu franciscano, reemplazando la referencia a la Regla de San Benito con una a la Regla de San Francisco, y permitiendo a cada convento poseer bienes. Sin embargo, Clara y su comunidad de San Damiano se mantuvieron firmes en su voto de pobreza absoluta.
Fue solo dos días antes de su muerte, el 9 de agosto de 1253, cuando el Papa Inocencio IV confirmó solemnemente la Regla definitiva de las Clarisas (Bula «Solet Annuere»),. Esta regla, en gran parte una adaptación de la regla que San Francisco había compuesto para los Frailes Menores en 1223, aseguraba a las Clarisas el precioso tesoro de la pobreza que Clara había abrazado desde el principio,. Clara fue la primera mujer en la historia de la Iglesia en componer una regla escrita para una orden religiosa femenina, sometiéndola a la aprobación papal.