La parte más dramática de la tradición sobre Santa Clotilde no se centra únicamente en la política externa, sino en el dolor interno de una madre y en la fragilidad de la unidad familiar. El relato la presenta marcada por:
Clodomir, Childeberto y Clotario
El texto narra que Clodomir atacó a un primo suyo, san Sigismundo, lo capturó y lo hizo morir junto con su esposa y sus hijos. Después, el mismo Clodomir fue vencido y muerto por el hermano de Sigismundo.
Tras esa violencia, Clotilde adoptó a tres nietos pequeños —los hijos de Clodomir— con intención de criarlos como propios. Sin embargo, Childeberto y Clotario presionaron para quedarse con la herencia de Clodomir.
El relato señala entonces un punto especialmente desgarrador: Clotario, «con su propia mano», mató a los dos nietos mayores, de diez y de siete años.
Clodoaldo: la huida hacia la vida religiosa
En medio de esa tragedia, el más joven, Clodoaldo, se salva y termina convirtiéndose en monje en el monasterio de Nogent, que más tarde sería renombrado san Cloud en su honor. La mención de este desenlace tiene un significado teológico y espiritual dentro del relato: cuando la familia real está atravesada por la violencia, el camino hacia la vida monástica aparece como una respuesta de conversión y de esperanza.
El corazón herido de la reina
El texto describe que, «desgarrada», Clotilde abandona París y se establece en Tours, donde pasa el resto de su vida al servicio de los pobres y los que sufren. Es decir: el sufrimiento no se narra solo para despertar compasión, sino para mostrar una forma concreta de respuesta cristiana.