Santa Cristina aparece en el Martirologio Romano como virgen y mártir de Tiro, ciudad que el propio texto sitúa en la Toscana, junto al lago de Bolsena. El martirologio relata que entregó sus bienes destinados al culto pagano para socorrer a los pobres y que padeció el martirio después de sufrir azotes, tormentos, una inmersión en el lago, el fuego, el ataque de serpientes, la mutilación de la lengua y heridas de flecha.1
La tradición occidental vinculó su memoria a Bolsena, donde existía una antigua comunidad cristiana y un lugar de culto asociado a una mártir llamada Cristina. Las excavaciones han identificado allí un cementerio cristiano de tipo catacumbal y un santuario antiguo, elementos que respaldan la existencia de un culto martirial temprano, aunque no permiten reconstruir con seguridad todos los episodios de su vida.2
La iglesia de Santa Cristina conserva la tradición de su sepulcro y constituye el principal centro histórico de su veneración. En 1976, el papa Pablo VI elevó el templo a la dignidad de basílica menor, reconociendo la antigüedad del culto a la mártir y la importancia religiosa y artística del edificio.3,4



