Edith Stein nació el 12 de octubre de 1891 en Breslau, que entonces formaba parte de Alemania, en el seno de una devota familia judía. Fue la menor de once hijos, y su nacimiento coincidió con el Yom Kippur, la festividad judía del Día de la Expiación, un hecho que su madre consideró especialmente significativo1. Su padre, un comerciante de madera, falleció cuando Edith tenía menos de dos años, dejando a su madre, una mujer religiosa y de fuerte carácter, a cargo de la familia y del negocio1. A pesar de los esfuerzos de su madre por mantener una fe viva en sus hijos, Edith perdió su fe en Dios en la adolescencia, declarando conscientemente y por libre elección que dejó de rezar1.
Su interés por la filosofía y su abandono de la práctica religiosa de su madre podrían haber sugerido una vida dedicada al racionalismo puro2. Sin embargo, fue precisamente a través de su investigación filosófica que la gracia la esperaba2. Estudió fenomenología, una corriente filosófica que la hizo sensible a una realidad objetiva que precede al sujeto y que debe ser examinada con rigor2. Esta realidad, según Stein, debe ser aprehendida principalmente en el ser humano, gracias a la capacidad de empatía, un concepto muy importante para ella2.
Edith Stein fue colaboradora de Edmund Husserl, uno de los fundadores de la fenomenología, y escribió importantes obras filosóficas3,1. Su búsqueda de la verdad fue incansable, y ella misma describió sus años de inquietud espiritual como etapas importantes de su maduración interior, afirmando que su «búsqueda de la verdad fue una verdadera oración»4.

