La tradición católica honra a Filomena como una joven cristiana que consagró su virginidad a Cristo y murió mártir durante las persecuciones del Imperio romano. Sin embargo, los testimonios antiguos no conservan una biografía verificable de una mártir llamada Filomena. La documentación conocida comienza con el descubrimiento de una sepultura en la catacumba de Priscila, en Roma, en mayo de 1802.1,2
El nombre apareció en las tejas que cerraban el nicho funerario. Los restos pertenecían a una muchacha de aproximadamente trece a quince años. En aquel momento, las autoridades eclesiásticas interpretaron determinados símbolos y un pequeño recipiente de vidrio como indicios de martirio, conforme a los conocimientos arqueológicos entonces vigentes. Investigaciones posteriores mostraron que tales elementos no bastaban para demostrar que la joven hubiera muerto por la fe.2,3
La cuestión histórica presenta, por tanto, dos problemas distintos:
- La identidad de la persona enterrada en el sepulcro.
- La existencia y la biografía de una mártir romana llamada Filomena.
La tradición devocional unió ambas realidades, pero la arqueología moderna puso en duda que los restos hallados pertenecieran realmente a la santa venerada con ese nombre.4,5

