Los cristianos de Córdoba en el siglo IX
Durante el siglo IX, Córdoba constituía la capital del emirato omeya de al-Ándalus. Las comunidades cristianas conservaban iglesias, monasterios y una jerarquía propia, pero vivían sometidas a restricciones jurídicas, fiscales y sociales. La tolerancia inicial dio paso a una política más severa bajo Abderramán II, continuada por su sucesor Muhammad I.
El conflicto afectaba especialmente a la manifestación pública de la fe cristiana y a la predicación dirigida a musulmanes. La situación desembocó en una serie de procesos y ejecuciones a partir del martirio del presbítero Perfecto, en el año 850.
El sacerdote san Eulogio de Córdoba, uno de los principales escritores mozárabes del periodo, acompañó espiritualmente a numerosos encarcelados. Desde la prisión escribió una exhortación dirigida a Flora y María, en la que defendía la libertad interior de las dos jóvenes frente a las amenazas de deshonra y esclavitud.
La comunidad mozárabe
El término mozárabe designa, en este contexto, al cristiano que vivía bajo dominio musulmán y conservaba su fe, su liturgia y parte de sus instituciones. Los mozárabes cordobeses desarrollaron una notable actividad intelectual. Entre sus autores destacaron san Eulogio, Álvaro de Córdoba y el abad Speraindeo.
La historia de santa Flora debe situarse dentro de esta comunidad cristiana sometida a presión, pero todavía dotada de iglesias, monasterios, clero y redes familiares capaces de sostener la vida religiosa.