El marco histórico: persecución y testimonio
Otra tradición importante asociada al nombre Flora es la de Flora y María, descritas como vírgenes y mártires. El relato las sitúa en la época del emir Abderramán II, en Córdoba.
Aquí la identidad de Flora no se presenta principalmente desde la vida conventual, sino desde la persecución por la fe y la decisión de confesarla públicamente.
La formación cristiana en un entorno musulmán
El texto dice que, por parte de su padre, Flora habría nacido en un ámbito de fe musulmana, pero que su madre habría mantenido en secreto la educación cristiana de la joven.
Este punto es clave para entender el conflicto narrativo: se trata de una joven que crece en el cristianismo de manera encubierta y que, cuando la presión externa aumenta, toma decisiones que la conducen al martirio.
Denuncia, encarcelamiento y decisión de confesar
Según la narración, Flora fue denunciada por su propio hermano ante un juez. A continuación, se describe una flagelación brutal y su entrega al mismo hermano para intentar quebrar su resolución.
Tras un tiempo, Flora habría logrado escapar y refugiarse con una hermana. Finalmente, retorna a Córdoba y se presenta en una iglesia (la de San Acisclo) para orar públicamente.
Allí se encuentra con María, a quien el relato vincula con el entorno cristiano: aparece como hermana de un diácono que había recibido recientemente la corona del martirio.
El papel de san Eulogio de Córdoba
El texto relaciona a estas dos jóvenes con san Eulogio de Córdoba. Indica que Eulogio, encarcelado en otra prisión, habría escrito una exhortación al martirio dirigida a Flora y María.,
En esa exhortación, según el resumen del texto, se habría insistido en que las amenazas de esclavitud o la vergüenza impuesta por los perseguidores no podían dañar la pureza interior del alma, y que ceder temporalmente por esperanza de «algo mejor» no debía considerarse una retirada legítima.,
El mismo relato añade que, tras decidir entregarse como cristianas, Flora y María fueron confinadas en condiciones donde casi no tenían acceso a nadie, pero aun así se mantuvo su decisión.
Martirio y desenlace
La narración afirma que, finalmente, Flora y María fueron decapitadas juntas, declarando además que intercederían en el cielo por la liberación de san Eulogio y de otros hermanos encarcelados.
El texto concluye indicando que, en efecto, fueron liberadas una semana después.
Fuentes del relato
En el mismo contexto se señala que los mártires hispanos de este episodio pertenecen a un grupo del que se sabe «prácticamente nada» más allá de lo consignado en el relato atribuido a san Eulogio, el cual habría sido conservado en colecciones y ediciones patrísticas y documentales.