Francesca se casó joven y vivió en el estado matrimonial durante décadas, con rasgos característicos de su santidad: piedad intensa, mansedumbre, obediencia y una atención constante al prójimo. La tradición eclesial la describe como esposa y madre de virtudes sobresalientes, marcada por la humildad y la paciencia.,,
Su deseo de consagrarse en la forma religiosa plena chocó al principio con el plan familiar, pero Francesca no renunció al impulso interior. Con el paso del tiempo, integró su vocación espiritual dentro de las exigencias del matrimonio, llevando una vida de oración y penitencia, y colocando su energía al servicio de Dios en el cuidado de los suyos y en la ayuda al necesitado.,
La casa como escuela de misericordia
La caridad de Francesca alcanzó la vida pública sin perder la coherencia interior. Transformó su ambiente doméstico en un lugar de socorro para quienes pasaban necesidad. La tradición resalta que su casa respondió a la pobreza con alimentos, recursos y acompañamiento, y que ella misma salió a pedir limosna «de casa en casa» para sostener a los más necesitados en los barrios de Roma.,
Este modo de actuar provocó comentarios y tensiones sociales, porque Francesca se comportó con libertad evangélica: trató a servidores y necesitados como hermanos y hermanas, y prefirió el bien real del pobre antes que la comodidad del prestigio. La Iglesia la recuerda como una mujer de rango noble que, a pesar de su posición social, empleó sus bienes para alimentar y cuidar.,