Familia y nacimiento
Hermelinda nació en Lovenjoul, una localidad cercana a Lovaina, en el seno de una familia acomodada y de gran prestigio. Sus padres se llamaban Ermenoldo y Ermesinda, y poseían un señorío en la comarca. Los relatos más antiguos los describen como cristianos de buena posición, con influencia social y con un linaje que se enorgullecía de sus vínculos con los grandes del reino.,
Infancia y piedad
Desde niña, Hermelinda mostró una inclinación poco común hacia la oración. Aprendió de memoria los salmos y prefería el recogimiento al bullicio de la casa paterna. La tradición añade que amaba la lectura de la Palabra de Dios y que, lejos de buscar la vida social propia de su condición, evitaba las fiestas y las ocupaciones frívolas.
El voto de virginidad
Al llegar a la edad de casarse, los padres de Hermelinda recibieron propuestas matrimoniales ventajosas para la familia. La joven las rechazó todas y declaró su decisión de consagrar su virginidad a Cristo. Para dar firmeza a su propósito y desanimar a los pretendientes, se cortó el cabello, un gesto de renuncia al mundo que la hagiografía recuerda como signo de su determinación.,
Sus padres, tras un periodo de resistencia, acabaron aceptando su vocación. Su padre le entregó una pequeña finca para que pudiera vivir según su deseo, apartada del trato cotidiano y entregada a la oración, al ayuno y a la caridad con los necesitados.,
El retiro cerca de Beauvechain
Hermelinda se instaló en una zona boscosa que la tradición sitúa en las inmediaciones de Beauvechain, el antiguo Bevec. Allí llevaba una vida de gran austeridad: renunció a las comodidades de su origen, caminaba descalza hasta la iglesia y dedicaba largas horas de la noche y del día a la oración. Practicaba también la limosna y atendía a los pobres de los alrededores.,
La finca que su padre le había cedido resultó, sin embargo, demasiado próxima a las aldeas, y la santa se vio expuesta a visitas y distracciones que dificultaban el recogimiento que buscaba.
El intento de rapto y el aviso del ángel
La hagiografía conserva un episodio central de su biografía. Dos jóvenes nobles de la comarca, movidos por la codicia o por un deseo desordenado, planearon raptarla cuando acudiera a orar a la iglesia durante la noche. Según el relato tradicional, llegaron incluso a sobornar al sacristán para que les facilitara la ocasión.
Un ángel advirtió a Hermelinda del peligro. La santa abandonó entonces el lugar y se refugió en una cueva boscosa de Meldert, entonces un paraje solitario del Brabante. El episodio muestra la constante intervención de la Providencia en la historia de los santos y subraya el valor que la tradición cristiana concede a la custodia de la castidad consagrada.,
Los años de Meldert
En Meldert, Hermelinda instaló su celda y vivió en una soledad más rigurosa que la anterior. Se alimentaba de hierbas silvestres y de lo imprescindible para subsistir, multiplicaba los ayunos y dedicaba el día y la noche a la oración y a la meditación de las Escrituras. La fama de su santidad se extendió con rapidez: clérigos y nobles de la región acudían a pedirle consejo, y la ermitaña los recibía con sencillez y prudencia.,
Su vida en Meldert enlaza con la tradición de los antiguos padres del desierto, que unían la separación del mundo con una auténtica paternidad -o maternidad- espiritual. Quien se retira para buscar a Dios acaba convirtiéndose en referencia para los demás.
Muerte
Hermelinda murió en Meldert hacia finales del siglo VI, un 29 de octubre, según la fecha que la liturgia local conserva. La tradición cuenta que murió en la soledad de su celda y que los ángeles se encargaron de sepultar su cuerpo y de entonar himnos junto a su tumba.