Orígenes y primeros años
Hildegarda nació en 1098 en la villa de Bermondse (actual Bingen am Rhein), hija de una familia noble del Rin. A los ocho años sus padres la entregaron al cuidado de la consagrada Jutta, quien vivía como ermitaña cerca del monasterio de San Disibodo. Allí recibió una educación que incluía la lectura, el canto en latín y las tareas domésticas propias de las mujeres de la época2. A los quince años recibió el velo monástico y, tras la muerte de su superiora, fue elegida abadesa del monasterio de Disibodenberg, donde implementó reformas y fomentó la producción de manuscritos3.
Formación y ascenso a la abadía
Durante su liderazgo en Disibodenberg, Hildegarda demostró una notable capacidad organizativa y espiritual, lo que le valió el reconocimiento de la comunidad monástica y la autoridad eclesiástica. En 1147, con el apoyo del Papa Eugenio III, obtuvo la autorización para trasladar a sus monjas a Rupertsberg, donde fundó el convento de Eibingen, que llegó a albergar a cincuenta religiosas4.

