Isabel llegó a la corte portuguesa en una época en la que las alianzas familiares y los conflictos entre dinastías influían directamente en la política peninsular. Como reina, combinó sus responsabilidades cortesanas con una intensa vida de oración y una dedicación constante a la asistencia de personas pobres y enfermas.,
Su matrimonio afrontó dificultades, entre ellas las infidelidades de Dionisio y las tensiones causadas por los hijos extramatrimoniales del rey. Isabel procuró responder con paciencia y prudencia. También atendió a esos hijos y se ocupó de su educación, según una tradición biográfica que describe su voluntad de buscar la reconciliación en el ámbito familiar.,
Caridad y asistencia social
La caridad hacia los pobres ocupó un lugar central en su vida. Isabel organizó ayuda para peregrinos y personas necesitadas, distribuyó recursos y favoreció obras asistenciales. Entre las fundaciones que le atribuye la tradición figuran un hospital en Coímbra, una casa para mujeres penitentes en Torres Novas y un refugio para niños abandonados.,
Su servicio no se limitó a la distribución de limosnas: la tradición biográfica la presenta como una mujer que buscaba a quienes vivían en necesidad y procuraba atenderlos personalmente. Esta faceta de su vida constituye uno de los rasgos más perdurables de su memoria religiosa.,
Mediadora de conflictos
Isabel recibió el sobrenombre de la Pacificadora por su intervención en disputas entre miembros de la familia real y entre gobernantes. La rivalidad entre Dionisio y su hijo Alfonso desembocó en una rebelión abierta. En 1323, Isabel acudió entre los bandos enfrentados y contribuyó a la reconciliación entre padre e hijo.,
También intervino en conflictos entre las casas reales de la península ibérica. En 1336 viajó a Estremoz para intentar impedir una guerra entre Alfonso IV y el rey de Castilla, a quien estaba casada María, hija del monarca portugués. La tradición vincula aquel viaje, realizado pese a su edad y debilidad, con su última enfermedad.,