Jacinta nació en Aljustrel, una pequeña localidad de la parroquia de Fátima, en el seno de una familia de agricultores. Sus padres, Manuel Pedro Marto y Olimpia de Jesús dos Santos, la educaron en la fe cristiana. Recibió el bautismo el 25 de marzo de 1910. La familia y las enseñanzas religiosas impartidas en su entorno constituyeron el primer marco de su formación; Jacinta no acudió a una escuela ordinaria.1,2
De niña tenía un carácter vivaz, abierto y afectuoso. Le gustaban los juegos y la compañía de otras personas, aunque podía mostrarse testaruda y querer imponer su voluntad. La documentación de su causa presenta su cambio espiritual como una transformación progresiva: tras las experiencias religiosas de 1916 y 1917, creció en humildad, generosidad y disposición a renunciar a sus propias preferencias por el bien de los demás.1,2
Como otros niños de la familia, ayudaba con el ganado. Solía acompañar a Francisco y a su prima Lucía mientras cuidaban las ovejas. Las jornadas en el campo alternaban el trabajo con los juegos, la conversación y la oración.1,2



