Origen y culto antiguo
Juliana de Cumas fue una mártir cristiana venerada en Campania, región del sur de Italia. El Martirologio Jeronimiano, uno de los antiguos calendarios de mártires, la conmemora el 16 de febrero y sitúa su nacimiento en Cumas. Una carta del papa Gregorio Magno, escrita a Fortunato, obispo de Nápoles, confirma que su culto ya tenía importancia en las proximidades de esa ciudad a finales del siglo VI.1
La tradición latina y la griega la incluyeron entre sus santos. A comienzos del siglo XIII, sus restos fueron trasladados a Nápoles; un relato contemporáneo describió aquella traslación. Su fiesta se celebra el 16 de febrero en la Iglesia latina, mientras que la tradición griega la conmemora el 21 de diciembre.1
Relatos legendarios y representación artística
Una narración medieval, conocida por los martirologios y utilizada por san Beda, presenta a Juliana como una joven cristiana de Nicomedia, prometida al senador Eleusio e hija de un pagano llamado Africano. El relato cuenta que, durante la persecución de Maximiano, sufrió torturas y murió decapitada por negarse a renunciar a su fe. También narra que una mujer llamada Sofronia llevó su cuerpo desde Nicomedia hasta Italia.1
La tradición hagiográfica acabó asociando este relato con la mártir venerada en Cumas. Sin embargo, la identificación no es segura: el testimonio antiguo sobre el culto de Cumas no demuestra que Juliana de Nicomedia y Juliana de Cumas fueran una misma persona. Por ello, conviene distinguir el núcleo antiguo de la veneración local de los detalles legendarios de las Actas.1
En algunas imágenes medievales, Juliana aparece con un demonio alado sujeto por una cadena. Este atributo iconográfico procede de las narraciones que describen su lucha con el diablo.1


