La Giralda
La representación más característica de Santa Justa y Santa Rufina las muestra juntas, generalmente de pie y con la Giralda de Sevilla entre ambas o sostenida por ellas. La torre funciona como atributo iconográfico porque identifica inmediatamente la ciudad que las venera como patronas.
La Giralda no pertenece a los relatos antiguos del martirio. Su presencia responde a la evolución posterior del culto sevillano y a la representación de las santas como guardianas e intercesoras de Sevilla. El monumento actúa como signo visual de la ciudad y de su Iglesia, del mismo modo que otros santos aparecen asociados a edificios, ciudades o lugares de especial veneración.
La propia Giralda forma parte del conjunto monumental de la catedral sevillana. Su remate incluye el giraldillo, una imagen alegórica de la Fe que funciona como veleta. La iconografía de las mártires, sin embargo, utiliza la torre en un sentido devocional: Justa y Rufina sostienen simbólicamente la ciudad y protegen su identidad cristiana.
Las vasijas de barro
Las dos santas suelen aparecer acompañadas por vasijas, cántaros, platos o piezas de cerámica. Este atributo recuerda su oficio tradicional de alfareras. La cerámica también alude al conflicto narrado por las actas, en el que sus objetos de barro quedaron vinculados al rechazo de los cultos paganos.
Las vasijas cumplen una doble función:
La iconografía no las presenta solo como víctimas de una persecución, sino como mujeres cristianas que vivieron la fe en el ámbito profesional. Su patronazgo de los alfareros deriva precisamente de la unión entre su oficio y su perseverancia cristiana.
La palma del martirio
Como mártires, Justa y Rufina suelen llevar la palma, atributo tradicional de quienes dieron la vida por Cristo. La palma no pretende describir un instrumento concreto de su ejecución. Representa la victoria espiritual sobre el sufrimiento y la participación de los mártires en la victoria pascual de Jesucristo.
En muchas imágenes aparecen también con corona, libro o cruz. La corona alude a la recompensa celestial; el libro representa la profesión de la fe; la cruz identifica el seguimiento de Cristo hasta la entrega de la vida.