Luisa de Saboya pertenece al grupo de mujeres de la nobleza europea que vivieron una profunda transformación espiritual entre la vida cortesana, el matrimonio y la consagración religiosa. La tradición hagiográfica la presenta como viuda y religiosa clarisa, vinculada a la espiritualidad franciscana y a la comunidad de las clarisas pobres de Orbe.1
La denominación beata Luisa de Saboya resulta más rigurosa que la expresión «santa Luisa de Saboya». La Iglesia católica no la ha canonizado solemnemente para el culto universal. En 1839, el papa Gregorio XVI confirmó el culto antiguo que recibía desde tiempo atrás. Esta forma de reconocimiento pontificio concede los honores propios de un beato, normalmente dentro de un ámbito limitado, pero no equivale a una canonización. La documentación de la antigua Congregación de Ritos registra expresamente a Ludovica de Saboya como viuda de la Tercera Orden de San Francisco y sitúa la confirmación de su culto el 12 de agosto de 1839.2
Algunas compilaciones hagiográficas antiguas utilizan para ella la abreviatura inglesa «Bd» -abreviatura de Blessed, «beata»- y no la de «St», reservada a los santos canonizados. La obra de Alban Butler la presenta igualmente como beata Luisa de Saboya, viuda, y relaciona su culto con la aprobación pontificia de 1839.1,3

