La tradición hagiográfica presenta a Luisa de Saboya como una mujer de alta posición social que, sin renunciar a una auténtica vida cristiana en el mundo, orientó progresivamente su existencia hacia una forma de seguimiento más radical. En las fuentes que narran su itinerario se recalca que, desde joven, mostró cualidades espirituales «fuera de lo ordinario», y que su educación estuvo acompañada por personas cercanas que la apoyaron en su camino de fe.1
En lo relativo a su linaje, se indica que nació en 1461 y que era hija de Amadeo IX, duque de Saboya, y nieta, por línea materna, de Yolanda, vinculada a la historia de la realeza francesa. La biografía también resalta relaciones familiares que la conectaban con círculos de gran relevancia política en la Europa de su tiempo.1
La misma tradición señala un hecho determinante: su padre murió cuando ella aún no había cumplido nueve años, siendo entonces su madre quien la acompañó en su formación.1
