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Santa Lydwina de Schiedam

Santa Lydwina de Schiedam-también llamada Lidwina o Liduina- fue una virgen laica neerlandesa que vivió entre 1380 y 1433. Una caída sobre el hielo, ocurrida durante su adolescencia, dio comienzo a una enfermedad incapacitante que la acompañó durante el resto de su vida. La tradición cristiana la venera como modelo de paciencia, unión con la Pasión de Cristo y ofrecimiento del sufrimiento por la conversión de los pecadores. Su culto, difundido desde Schiedam por diversas biografías medievales, recibió confirmación pontificia de León XIII en 1890.1,2

Liduina ijs
Ver información de la imagenLa caída de Liduina sobre el hielo, c. 1498. http://www.schiedam.nl/smartsite.shtml?id=58218, Johannes Brugman, Vita Lijdwine (Schiedam 1498), Dominio Público. 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreSanta Lydwina de Schiedam
CategoríaPersona
Nombre Completo
  • Lidwina
  • Liduina
Fecha de Nacimiento1380
Lugar de NacimientoSchiedam, Holanda
Fecha de Muerte1433-04-14
Lugar de MuerteSchiedam, Holanda
NacionalidadNeerlandesa
SexoFemenino
Autoridad EclesiásticaLeón XIII
Enseñanzas
  • Enfermos
  • Personas con discapacidades
  • Patinadores sobre hielo
  • Ciudad de Schiedam
Estado de VidaVirgen laica
Fecha de Celebración14 de abril
Fecha de Confirmación14 de marzo de 1890
RepresentaciónMujer enferma con crucifijo y rosario; caída sobre hielo; recibiendo una rosa de un ángel; lirio que simboliza virginidad
TipoSanto, Laica
VirtudesPaciencia

Tabla de contenido

Nombre y memoria litúrgica

Lydwina pertenece a la onomástica neerlandesa medieval. La documentación hagiográfica utiliza diversas formas de su nombre, entre ellas Lydwina, Lidwina y Liduina. En español, la forma «Lidwina» aparece con frecuencia en obras generales sobre los santos, mientras que «Lydwina de Schiedam» conserva una transcripción cercana a las fuentes internacionales.

La Iglesia celebra su memoria el 14 de abril, fecha de su muerte. La tradición la presenta como virgen y mujer laica, no como religiosa ni miembro de una orden monástica. Su devoción quedó vinculada especialmente a Schiedam, ciudad del condado medieval de Holanda, y a quienes padecen enfermedades prolongadas o discapacidades físicas.

Contexto histórico

Lydwina nació en Schiedam, en Holanda, el Domingo de Ramos de 1380, dentro de una familia numerosa. Alban Butler la describe como la única hija entre nueve hermanos. Su padre, Pedro, ejercía trabajos humildes -entre ellos, la vigilancia nocturna- y la familia vivía con escasos recursos, aunque dentro de un ambiente de piedad cristiana.1

La sociedad neerlandesa de finales del siglo XIV y comienzos del XV vivía una intensa religiosidad popular. La oración ante imágenes marianas, la recepción de la Eucaristía, la meditación de la Pasión y la veneración de personas consideradas santas formaban parte de la espiritualidad cotidiana. Las mujeres laicas que permanecían en sus hogares y dedicaban su vida a la oración, a la penitencia y a la atención de los necesitados podían adquirir una notable autoridad espiritual sin pertenecer a una comunidad religiosa.

Las primeras biografías de Lydwina nacieron en este ambiente. Sus principales autores fueron Juan Gerlac, primo de la santa; Juan Brugman, religioso y escritor espiritual; y Tomás de Kempis, relacionado con la espiritualidad de la Devotio moderna. Cada relato combina recuerdos personales, testimonios locales, interpretaciones teológicas y motivos propios de la literatura hagiográfica medieval. Por ello, la vida de Lydwina exige distinguir entre los datos históricamente plausibles y los episodios extraordinarios transmitidos por la tradición.

Infancia y voto de virginidad

Las biografías presentan a Lydwina como una muchacha piadosa, alegre y de buena presencia. Desde temprana edad manifestó una particular devoción a la Virgen María y acostumbraba a orar ante una imagen mariana venerada en Schiedam. La tradición afirma también que había formulado un voto de virginidad antes de cumplir los quince años.3

Este dato encaja con una forma de consagración laical conocida en la espiritualidad medieval. Algunas mujeres no ingresaban en un monasterio, pero ofrecían a Dios su virginidad, su oración y su vida penitente. Lydwina habría vivido esa entrega dentro de su propia casa, bajo el cuidado de su familia.

El retrato de una joven inicialmente sana y activa resulta decisivo para comprender el sentido de su historia. La tradición no describe una enfermedad congénita, sino una transformación radical de su existencia después de un accidente ocurrido durante el invierno.

El accidente sobre el hielo

Durante el invierno de 1395-1396, cuando tenía aproximadamente quince años, Lydwina salió a patinar con varias amigas sobre un canal helado. Una muchacha que intentaba alcanzar al grupo chocó con ella. Lydwina cayó violentamente y sufrió una fractura o lesión grave en el costado derecho, tradicionalmente identificada como la rotura de una costilla.1

La herida no cicatrizó de manera normal. Las narraciones posteriores describen la aparición de un absceso interno, vómitos, fiebre, sed intensa y dolores generalizados. Los médicos que acudieron a la casa no lograron encontrar un tratamiento eficaz. La documentación hagiográfica no permite establecer con seguridad un diagnóstico clínico moderno, porque las descripciones proceden de relatos devocionales y utilizan el vocabulario médico de la Baja Edad Media.

La relación entre el accidente y la enfermedad explica que Lydwina llegara a ser considerada patrona de los patinadores sobre hielo. Su patronazgo no procede de una actividad apostólica relacionada con el deporte, sino de la circunstancia biográfica que originó su prolongado padecimiento.4

La enfermedad y la vida en el lecho

La enfermedad avanzó durante años. Las biografías atribuyen a Lydwina dolores de cabeza y de dientes, fiebre, sed, vómitos, espasmos, abscesos y graves lesiones cutáneas. También narran la pérdida de la visión de un ojo y una extrema sensibilidad a la luz. En la etapa final, apenas podía mover el brazo izquierdo y permanecía recluida en el lecho.5

El lenguaje de estos relatos posee una finalidad espiritual además de descriptiva. Los autores no pretendían ofrecer una historia clínica en sentido contemporáneo, sino mostrar la magnitud de una prueba y la respuesta interior de la protagonista. Las expresiones que presentan su cuerpo como una herida continua o como una imagen de la descomposición deben leerse dentro de la retórica ascética medieval.

La familia desempeñó un papel esencial. A pesar de la pobreza, sus padres buscaron atención médica y cuidaron de ella. Butler recalca que Lydwina no fue abandonada ni tratada con desprecio por sus familiares. Esta circunstancia distingue su historia de ciertos relatos hagiográficos en los que el santo aparece completamente aislado. La paciencia de Lydwina no nació únicamente de una experiencia interior: también estuvo sostenida por personas que la alimentaron, limpiaron y acompañaron durante años.6

Una declaración municipal de Schiedam, fechada en 1421, recoge el testimonio de que durante varios años Lydwina no había tomado alimentos ni bebidas ordinarias. La tradición posterior interpretó ese hecho como una dependencia casi exclusiva de la Sagrada Comunión. Este episodio pertenece al ámbito de los testimonios medievales y no equivale a una constatación médica moderna.2

Dirección espiritual y meditación de la Pasión

Al principio, Lydwina no deseaba continuar enferma. Experimentaba el temor, el cansancio y el deseo natural de recuperar la salud. El cambio espiritual llegó progresivamente mediante la atención pastoral del sacerdote Juan Pot, quien la visitaba y la animaba a contemplar los sufrimientos de Jesucristo y a unir su dolor con la Pasión.5

La espiritualidad que aparece en las biografías corresponde a una intensa corriente de devoción cristocéntrica propia de la Baja Edad Media. La contemplación de la Pasión no consistía únicamente en recordar un acontecimiento del pasado. El creyente procuraba entrar espiritualmente en el misterio de la Cruz, compartir los sentimientos de Cristo y ofrecer sus propias pruebas por amor a Dios y por el bien de la Iglesia.

Después de varios años de enfermedad, Lydwina interpretó su situación como una llamada a ofrecer sus sufrimientos por los demás. Las biografías expresan esta vocación con la categoría medieval de «víctima por los pecadores». Esta fórmula necesita una explicación teológica cuidadosa: Lydwina no sustituía el sacrificio redentor de Cristo ni añadía una eficacia independiente a la Cruz. Su entrega tenía valor en cuanto participación en la caridad de Cristo.

La Eucaristía ocupó un lugar central en su vida. El sacerdote le llevaba la comunión con una frecuencia que aumentó gradualmente. Juan Brugman describió la meditación de la Pasión y la recepción de la Eucaristía como los dos brazos con los que Lydwina abrazaba a Cristo.5

Experiencias místicas

Las biografías atribuyen a Lydwina éxtasis y visiones a partir de los primeros años del siglo XV. En ellas habría contemplado a Cristo, a los santos y a su ángel custodio. Algunos relatos describen viajes espirituales a Roma, Palestina y diversos lugares sagrados; otros presentan escenas del Calvario, del purgatorio y de la gloria celestial.6

La Iglesia distingue entre el contenido doctrinal de la fe y las revelaciones privadas. Las visiones de un santo pueden edificar a los fieles, pero no forman parte del depósito de la fe ni obligan a todos los cristianos. En el caso de Lydwina, los relatos tienen además un carácter literario. Los biógrafos organizaron sus experiencias para mostrar una correspondencia entre la contemplación de Cristo crucificado y el crecimiento de la paciencia.

La tradición también conserva episodios extraordinarios relacionados con curaciones, profecías, percepciones sobrenaturales y fenómenos luminosos en su habitación. Butler transmite estos elementos, aunque su propio relato permite reconocer el carácter hagiográfico de algunos detalles.6

Un episodio tradicional cuenta que Lydwina contempló un rosal y recibió la promesa de que sus sufrimientos terminarían cuando el rosal floreciera. En la primavera de 1433 exclamó que lo veía cubierto de flores. La imagen del rosal funciona como un símbolo de la unión entre dolor, esperanza y resurrección. La tradición medieval utilizaba con frecuencia flores, luces y aromas para expresar de forma visible la santidad interior.3

Discernimiento y dificultades eclesiales

La fama de Lydwina no produjo una aceptación unánime. Un sacerdote llamado Andrés sospechó que su vida espiritual era falsa o estaba causada por influencias diabólicas. Durante un periodo llegó a privarla de la comunión y pidió a los fieles que oraran por ella como víctima de ilusiones malignas. La población de Schiedam defendió a Lydwina, y una investigación eclesiástica acabó reconociendo su buena fe, tras lo cual pudo recibir la Eucaristía con regularidad quincenal.6

Este episodio posee interés histórico y espiritual. La Iglesia no canoniza automáticamente todos los fenómenos místicos. El discernimiento exige examinar la doctrina, la conducta moral, la humildad, la obediencia eclesial y los frutos de caridad. La sospecha inicial del párroco, aunque presentada negativamente por los biógrafos, recuerda que la autoridad pastoral debe valorar con prudencia las experiencias extraordinarias.

Lydwina también tuvo relación con personas vinculadas a la espiritualidad neerlandesa de su tiempo. La tradición cita a Arnoldo de Schoonhoven, a Hendrik Mande, a Wermbold de Roskoop y a Juan Busch. Un escrito espiritual de Hendrik Mande habría llegado a Lydwina como obra de consuelo, y ella habría considerado auténticas sus visiones. Estos testimonios ayudan a situarla dentro de las redes de devoción y literatura religiosa de la Holanda medieval.3

Muerte

Lydwina murió en Schiedam el 14 de abril de 1433, durante la Pascua. Butler sitúa el momento final en la tarde del Martes de Pascua y relata que recibió la asistencia de un sacerdote cuando la muerte ya estaba próxima. La tradición de la Enciclopedia Católica vincula sus últimos momentos con una visión de Cristo que acudía a administrarle la unción de los enfermos.6,3

La diferencia entre ambas narraciones muestra cómo las biografías transmiten el mismo acontecimiento con acentos distintos. El dato histórico central -la muerte en Schiedam el 14 de abril de 1433- aparece de forma estable. Los detalles sobre la hora exacta, la disposición espiritual y la visión final pertenecen a la tradición hagiográfica.

Su tumba atrajo peregrinos poco después de su muerte. Una capilla levantada sobre el sepulcro en 1434 testimonia la rapidez con la que arraigó su veneración local.3

Culto y reconocimiento eclesial

La veneración de Lydwina comenzó durante su vida y creció después de su muerte. Sus contemporáneos la consideraban una mujer santa por su paciencia, su oración, su unión con Cristo y su atención espiritual a quienes acudían a su habitación.

Las reliquias fueron trasladadas a Bruselas en 1615 y regresaron a Schiedam en 1871. El culto recibió la confirmación oficial de León XIII el 14 de marzo de 1890.3

La terminología histórica requiere precisión. Algunas obras antiguas la llaman «bienaventurada» y otras utilizan de manera habitual el título de «santa». Butler explica que la veneración fue confirmada por León XIII, aunque no existió una canonización solemne en el sentido moderno del término.2

Por tanto, conviene distinguir tres realidades:

  • La devoción popular, iniciada en Schiedam poco después de su muerte.
  • La difusión hagiográfica, impulsada por las vidas escritas por Gerlac, Brugman y Tomás de Kempis.
  • La confirmación pontificia del culto, otorgada por León XIII en 1890.

Esta distinción evita confundir la aprobación del culto con una canonización formal mediante el procedimiento contemporáneo.

Fuentes hagiográficas medievales

La vida de Lydwina llegó a través de varias narraciones. Juan Gerlac, primo de la santa, escribió un relato en neerlandés que apareció impreso en Delft en 1487. Su proximidad familiar otorga interés testimonial a la obra, aunque también exige valorar su perspectiva devocional.2

Juan Brugman compuso una biografía más desarrollada, conocida en distintas redacciones. Los bolandistas publicaron sus versiones en las Acta Sanctorum, dentro del volumen correspondiente al mes de abril. Brugman organizó la existencia de Lydwina alrededor de dos ejes: la meditación de la Pasión y la perseverancia en el sufrimiento.2

Tomás de Kempis transmitió otra memoria de la santa y contribuyó a relacionarla con la espiritualidad de la Devotio moderna. Su relato, aunque posterior a algunos acontecimientos, resulta fundamental para comprender la recepción espiritual de Lydwina.

Las diferencias entre estas obras aconsejan no tratar cada detalle como una crónica independiente. Los relatos coinciden en la existencia de una mujer de Schiedam, en la gravedad y duración de su enfermedad, en su intensa vida de oración y en la fama de santidad que alcanzó. Los fenómenos sobrenaturales, las cifras exactas sobre alimentación o sueño y determinados episodios de visiones requieren una lectura crítica, porque la literatura hagiográfica medieval buscaba edificar y no responder a los criterios de la historiografía clínica actual.

Teología del sufrimiento redentor

Cristo, único Redentor

La devoción a Lydwina únicamente puede comprenderse desde la doctrina cristiana de la redención. Jesucristo es el único Redentor: su encarnación, muerte y resurrección realizan la salvación de la humanidad. Ningún sufrimiento humano posee, por sí mismo, un poder salvador independiente.

La tradición teológica de santo Tomás de Aquino enseña que Cristo mereció para los hombres mediante sus obras y sufrimientos, gracias a la dignidad infinita de su persona y a la plenitud de su caridad. La Pasión no constituye un ejemplo moral externo, sino la obra salvadora por la que Cristo comunica su gracia a los miembros de su Cuerpo.7

Lydwina no «completó» una insuficiencia de la Cruz como si la obra de Cristo hubiera quedado incompleta. Su sufrimiento recibió sentido al quedar unido a la caridad del Crucificado. La expresión tradicional de ofrecerse «por los pecadores» designa una participación dependiente y recibida, no una redención paralela.

La participación de los miembros de Cristo

La teología católica contempla a la Iglesia como Cuerpo místico de Cristo. Los sufrimientos soportados con fe, caridad y esperanza pueden convertirse en oración de intercesión. La Comisión Teológica Internacional explica que el sufrimiento cristiano, unido a Cristo, participa de su sufrimiento redentor y puede ofrecerse por el bien de la Iglesia y del prójimo.8

Esta doctrina ilumina el caso de Lydwina. Su habitación se transformó, dentro de la tradición, en un lugar de oración por los enfermos, los pecadores y quienes buscaban consuelo. La enfermedad no la convirtió en una sacerdotisa ni en una mediadora autónoma; su intercesión dependía siempre de Cristo y de la comunión de la Iglesia.

Santo Tomás de Aquino permite expresar esta relación con precisión: la gracia de Cristo alcanza a los demás miembros como la plenitud de la cabeza comunica vida al cuerpo.7

La espiritualidad del siglo XV

La mística del siglo XV contemplaba con particular intensidad la humanidad sufriente de Jesús. Los fieles meditaban sus heridas, su camino hacia el Calvario, su abandono, su sed y su muerte. Bonaventura vinculó simbólicamente la «rosa del sufrimiento» con la «rosa de la caridad»: el sufrimiento cristiano adquiere su sentido cuando arde en el fuego del amor.9

Esta espiritualidad no proponía el dolor como un bien absoluto. El bien último era la caridad, la unión con Dios y la conformidad con Cristo. El sufrimiento podía convertirse en lugar de encuentro con Dios cuando la persona lo afrontaba sin odio, lo ofrecía con libertad interior y recibía ayuda de la comunidad.

La tradición de Lydwina refleja también la sensibilidad de la Devotio moderna: oración afectiva, meditación frecuente, examen interior, amor a la Eucaristía y búsqueda de una vida escondida. Su santidad no apareció vinculada al gobierno de una diócesis, a la fundación de una orden o a una actividad pública. Su «apostolado» consistió, sobre todo, en la oración, el testimonio de paciencia y la acogida espiritual de quienes acudían a ella.

Discernimiento frente a interpretaciones abusivas

La teología del sufrimiento redentor no justifica la negligencia médica, la imposición de dolores innecesarios ni la glorificación de la enfermedad. Lydwina recibió cuidados familiares y atención de médicos, aunque aquellos profesionales no lograran curarla.5

La tradición católica permite pedir la curación, emplear medios médicos razonables y combatir las causas injustas del sufrimiento. La aceptación cristiana de una enfermedad no equivale a buscarla ni a impedir su tratamiento. El valor espiritual nace de la caridad con la que la persona vive una situación que no ha elegido, no de la destrucción deliberada de la propia salud.

Devociones y patronazgos

Lydwina recibe veneración como protectora de:

  • Las personas enfermas y quienes padecen dolencias prolongadas.
  • Las personas con discapacidades y sufrimientos corporales.
  • Los patinadores sobre hielo.
  • Los practicantes del patinaje, incluido el patinaje sobre ruedas.
  • La ciudad de Schiedam.

Su patronazgo no debe entenderse como una garantía de curación física. La intercesión de los santos orienta a los fieles hacia Dios y puede pedir tanto la recuperación como la fortaleza, la paz, la asistencia adecuada y la perseverancia en la fe.

La devoción a Lydwina ha encontrado una resonancia particular entre quienes viven enfermedades crónicas. Su figura recuerda que una persona enferma conserva plena dignidad y puede ejercer una misión espiritual mediante la oración, la acogida y el amor, aunque dependa de otros para las actividades ordinarias.

Iconografía

La iconografía de Lydwina suele mostrarla como una mujer enferma o impedida, con el cuerpo debilitado y un crucifijo en las manos. También aparece con un rosario, como signo de oración perseverante y de devoción mariana.

Otros motivos representan episodios de su tradición:

  • Lydwina caída sobre el hielo durante su juventud.
  • La santa recibiendo una rosa o una rama florida de manos de un ángel.
  • La santa recibiendo un lirio, símbolo tradicional de virginidad.
  • Lydwina dedicada al bordado antes de quedar completamente postrada.
  • La enferma contemplando la cruz mientras permanece en el lecho.

La figura de la mujer lesionada no pretende convertir la enfermedad en espectáculo. El crucifijo constituye el centro interpretativo de la imagen: el sufrimiento de Lydwina adquiere sentido por su unión con Cristo, no por su dimensión física aislada.

Legado asistencial

La memoria de Lydwina impulsó iniciativas de atención a los enfermos. Un médico relacionado con la familia del médico que la había tratado construyó un hospital en el lugar donde había estado su humilde vivienda, cumpliendo así un deseo atribuido a la santa.2

Este aspecto resulta especialmente significativo. La veneración de una santa asociada al sufrimiento no terminó en una contemplación pasiva del dolor. También generó una respuesta concreta de cuidado, asistencia sanitaria y solidaridad. La vida de Lydwina puede leerse, por tanto, desde dos dimensiones inseparables: la oración ofrecida en medio de la enfermedad y la obligación cristiana de aliviar el sufrimiento ajeno.

Valoración histórica y espiritual

La existencia histórica de Lydwina, su nacimiento en Schiedam, el accidente juvenil, la enfermedad prolongada, su vida de oración y su muerte en 1433 forman el núcleo más estable de su tradición. Las obras de Gerlac, Brugman y Tomás de Kempis transmiten una memoria antigua y coherente, aunque redactada con finalidad edificante.2

Los relatos sobre ayuno extraordinario, bilocaciones, profecías, curaciones, visiones del purgatorio, aromas sobrenaturales y luces celestiales pertenecen a la dimensión legendaria o mística de la hagiografía. La Iglesia puede aprobar un culto sin convertir cada episodio biográfico en una verdad dogmática.

El mensaje central de Lydwina no depende de comprobar todos los fenómenos extraordinarios. Su importancia espiritual reside en la posibilidad de vivir una enfermedad devastadora sin reducir la existencia a la desesperación, y en transformar la impotencia física en oración, solidaridad y unión con Cristo.

Significado contemporáneo

La figura de Lydwina conserva actualidad en una sociedad que afronta enfermedades crónicas, dolor invisible, dependencia, soledad y limitaciones físicas. Su vida invita a mirar al enfermo como una persona completa, no como un problema médico ni como una carga social.

Su ejemplo también exige evitar dos extremos. El primero consiste en considerar inútil a quien ya no puede trabajar, desplazarse o participar en la vida pública. El segundo consiste en idealizar el dolor y olvidar la necesidad de tratamiento, cuidados paliativos, apoyo psicológico y acompañamiento familiar.

La enseñanza cristiana reconoce que el sufrimiento puede adquirir un sentido redentor cuando permanece unido a Cristo y se ofrece por amor. La reflexión de la teología católica contemporánea expresa que el dolor humano, unido a la gracia, no tiene por qué convertirse en absurdo: puede abrir una participación escondida en la vida de Cristo y en el bien de los demás.10

Santa Lydwina de Schiedam representa así una santidad laical, femenina y profundamente eucarística, nacida en el interior de una enfermedad prolongada. Su memoria invita a acompañar a los enfermos, a discernir con prudencia los fenómenos místicos y a vivir las pruebas con una esperanza fundada en la Cruz y en la Resurrección de Jesucristo.

Citas y referencias

  1. Santos Juan, Antonio y Eustacio, mártires (d.C. 1342), Alban Butler. Vidas de los Santos de Butler: Volumen II, 99 (1990). 2 3
  2. Santos Basilissa y Anastasia, mártires (c. d.C. 65?), Alban Butler. Vidas de los Santos de Butler: Volumen II, 102 (1990). 2 3 4 5 6 7
  3. Santa Lidwina. Enciclopedia Católica, Lidwina (1913). 2 3 4 5 6
  4. Patinadores - Lidwina, Magisterio IA. Santos patronos en la Iglesia Católica, Patinadores (2024).
  5. Alban Butler. Vidas de los Santos de Butler: Volumen II, 100 (1990). 2 3 4
  6. Alban Butler. Vidas de los Santos de Butler: Volumen II, 101 (1990). 2 3 4 5
  7. La pasión y muerte de Cristo - Sobre la pasión de Cristo respecto al cuerpo, Tomás de Aquino. Compendio de Teología (Compendium Theologiae), Parte I - Capítulo 231. 2
  8. Parte IV: Perspectivas sistemáticas - C. El mundo bajo la gracia redentora; la humanidad bajo el signo de la redención - Esfuerzo y sufrimiento, Comisión Teológica Internacional. Preguntas selectas sobre la teología de Dios Redentor, IV.62 (1995).
  9. Capítulo XXXV, Bonaventura. Vitis Mystica, 272.
  10. Thomas Joseph White, O.P. ¿Sufrimiento redimible? Santo Tomás de Aquino sobre el significado del sufrimiento humano y la pasión de Cristo, 10 (2011).
Modificado el 17 de agosto de 2026 • FideScore™ 9.41Citar este artículoPaq. Scorm (LMS)Sugerir mejoraCompartir artículoImprimir artículoGenerar QRInstalar aplicaciónark:28736/dfzh42w26

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